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Luis Álvarez Oquendo. Un poco de NUESTRA historia.

Por: Mauricio Rodríguez-Camargo  


Luis Álvarez Oquendo. Un poco de NUESTRA historia.

“La historia es importante. Hay algunas huellas que dejaron nuestros antecesores, que en el tiempo se han perdido y que se pueden recuperar.”

Con estas palabras el maestro Luis Álvarez Oquendo principiaba un tema bastante olvidado y poco comentado –como es costumbre en el Perú- “la historia”, más aún, “la historia del teatro”, y mucho más aún “La historia del teatro Arequipeño”.  ¡Menuda labor!

La clase magistral se llevó a cabo en el centro de las Artes de la UCSP bajo la iniciativa de la asociación cultural Integrarte AQP, a los seis días del mes de diciembre del año 2016.

Dramaturgos, actores y directores se han abocado a ésta bella arte en favor de la cultura de nuestra ciudad, ahora, gracias a la pericia y el estudio del maestro Luis Álvarez -quién es un reconocido hombre de teatro y que ha fungido de director del Teatro Experimental de la UNSA (TUNSA) desde 1970 hasta el 2014- podemos conocer y reconocer como nuestra.

Las siguientes líneas están dedicadas a recopilar –con venia del Maestro- una parte de lo expuesto en aquella clase magistral, desde los inicios del teatro en nuestra ciudad hasta la década del cincuenta. Un poco de luz de nuestro pasado.

Luis Álvarez Oquendo al habla:

Nuestro teatro en el pasado fue más de acción y de actividad escénica que de productividad autoral (dramaturgia). Todos los que hacían teatro se guiaban por la actitud y el deseo de hacerlo. Improvisaban y en el proceso comenzaban a armar algo. Según una investigación personal y de otras personas en el pasado, como Guillermo Ugarte Chamorro, arequipeño, quién fuera por muchos años director de la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENSAD) y que ha investigado el teatro en Arequipa desde el siglo XVIII; se tiene evidencia que es precisamente en ese siglo en el que  aparecieron los primeros atisbos de lo que podría ser el teatro arequipeño.

Las obras que se escribieron en aquél tiempo tenían corte costumbrista, historicista, romántico y patriota. Giraban en torno a la Guerra del Pacífico, retrataban lugares y costumbres típicas de la ciudad y versaban sobre relaciones amorosas. Esos son los cuatro rasgos esenciales del teatro de 1886. Entre los primeros autores de aquellos años podemos encontrar a Juan Francisco de Villalobos con obras sobre las “Fiestas Carnestolendas”. Las Fiestas Carnestolendas eran llamadas así porque contenían bailes, disfraces y juegos donde los actores improvisaban escenas. Todo esto al calor de los carnavales. El espectáculo se iba creando con shows de improvisación que terminaban en pequeñas representaciones, donde primaban el baile y el canto.

Eleodoro del Prado es un segundo autor, del mismo año, que escribió poemas dramáticos y patrióticos donde hablaba sobre la guerra con Chile y, en ellos, desplegaba todo su fervor nacionalista. Los poemas eran escenificados. Eso era considerado una obra de teatro en aquellos tiempos, aunque estrictamente no eran tal, pero, esas manifestaciones no pueden ser ignoradas ya que son expresiones primigenias de nuestro teatro, desde el lado de los escritores.

Posteriormente aparece Juan Manuel Polar – de 1920-. Él sí escribe obras de teatro propiamente dichas. Se hacen representaciones que contienen un inicio, nudo y desenlace. De su pluma, existen dos obras bastante famosas: “Ayer y Hoy” y “El Tísico”, las cuales son de vista obligada para hablar del teatro Arequipeño. “Ayer y Hoy” plantea una discusión, un dialogo entre un abuelo y un nieto que tienen dos visiones distintas de Arequipa; uno de ellos, el abuelo, ve la ciudad desde un punto de vista conservador y el segundo, el nieto, la ve de forma futurista. La obra ha sido llevada a escena por bastantes grupos.

Entrando a 1940, Alfredo Martínez escribió una obra llamada “El Indio Macho”, obra de corte costumbrista que habla de un cargador del mercado San Camilo, que levantaba los sacos de papas y cebollas como si nada, precisamente por eso le decían el Indio macho, porque era bastante fuerte y bien macho para trabajar. También era picarón, fastidiaba a las señoras que ahí laboraban; fraguando pequeños amoríos y enredos. “El Indio Macho” sería la única obra que escribiera Alfredo Martínez.

Le sigue Carlos Manchego Rendón -1940-, profesor de literatura del colegio Independencia Americana, que escribiría un libro de teatro con cinco obras. La única obra que ha sido representada de Manchego ha sido: “El Diablo”. “El Diablo” es una comedia muy interesante, llevada a las tablas por el Teatro Universitario de la UNSA en la época de los sesentas, bajo la dirección de  José Mejía Bejarano. El libro recopilatorio de las cinco obras de Manchego se encuentra en la biblioteca de humanidades de la Universidad Nacional San Agustín.

Rafael del Carpio -también de 1940- tiene una obra muy interesante titula: “La Chicha se está fermentando”. La obra ha sido representada en Lima por el grupo Histrion, con la participación del actor Adolfo Chuiman en la representación.

En 1950 encontramos a Edgardo Pérez Luna, estudió filosofía y humanidades en la UNSA, luego, migraría a la capital atraído por la escritura y el periodismo. Siendo arequipeño, todas sus obras las ha escrito en Lima. Pérez Luna escribe “Orfeo en las tinieblas”, que ha sido representada por el Teatro de la UNMSM y por el grupo Histrion de Lima; escribe también “Puma Punku”,

También en 1950, Mario Rivera, fue director del Instituto Superior de Arte Dramático. Rivera escribió una sola obra: “Melgar sin otra Historia”. Es el único que ha escrito sobre el prócer arequipeño y nadie en Arequipa la ha representado. En los años 60, Mario Rivera trae la obra “Melgar sin otra Historia” a Arequipa, con un elenco de primera, el que hacía el papel de melgar era Alfredo Bouroncle (arequipeño). Tuvieron la osadía –para aquella época- de hacer la representación en una pequeña plaza frente a la iglesia en el barrio tradicional de San Lázaro, usando casas y balcones como locaciones, haciendo un recorrido por todo el lugar, transitando con el público por distintos ambientes. Lo cual no es nada nuevo.

Es un reto para los grupos de Arequipa representarla. No son arequipeños si no hacen esa obra. No pueden hablar o defender una dramaturgia Arequipeña si no conocen esa obra. Ahí está Melgar, la lengua, el sentimiento y las costumbres de Arequipa.

Alguien la Tiene que representar, porque vale la pena…


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