Carta abierta a Luis Solari De la Fuente

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Por César Félix Sánchez Martínez.

 

 

Estimado señor:

Tuve ocasión de escucharlo, hace poco más de un año, en un congreso contra la ideología de género en el llamado Palacio de las Bellas Artes, en Arequipa. Allí usted, con mucha solvencia, explicó claramente cómo doctrinas profundamente antihumanas y de una falsedad grotesca, mediante diversos mecanismos sutiles, acababan parasitando a los aparatos estatales y tentando a sus  funcionarios  para sus designios, a través de organismos internacionales y agencias de cooperación extranjeras. Fue excepcionalmente interesante la anécdota que usted narró, cuando ocupaba una cartera ministerial y pudo leer las anotaciones olvidadas de uno de los representantes de estas agencias referidas a una reunión donde usted se había manifestado cortésmente reacio a seguirles el juego. Pero no todo quedó en la mera denuncia: usted también nos mostró horizontes de resistencia y diagnósticos de esta crisis, precipitada por el desmantelamiento de la formación escolar y su reemplazo por una educación básica chatarra entre tecnocrática e ideologizada. Su intervención culminó con una muy oportuna cita de Virgilio sobre la primacía de lo espiritual: Mens agitat molem! ¡El espíritu mueve a la materia!

Esta intervención suya me terminó de convencer de algo que ya sabía: usted es uno de los pocos políticos católicos que se adhiere sin cortapisas a la defensa de los llamados «principios no negociables» por Benedicto XVI: defensa de la vida humana inocente desde la concepción hasta la muerte natural, defensa del matrimonio como unión entre hombre y mujer, defensa del derecho de la libertad de enseñanza y orientación del estado hacia el bien común.

Ante el porvenir incierto del país, signado por el desfondamiento moral y material de la clase política formada luego de la llamada «transición democrática» -entre los más comprometidos se encuentra, dicho sea de paso, Alejandro Toledo, de cuyo gobierno fue usted lamentablemente primer ministro- el electorado pro-vida y pro-familia espera una palabra de orden.

¿Cuál será su horizonte de acción en esta coyuntura? ¿Participará activamente a través de algún partido o alianza fundamentada en los principios mencionados? Sea lo que fuere, permítame compartir, desde mi posición modesta como laico católico y observador de la realidad política, presente y pasada, darle los siguientes consejos, por si le son de alguna utilidad:

  • Evite la tentación del partido o movimiento eclesiástico: Lamentablemente ya están lejos los días de los partidos católicos confesionales que propugnaban la defensa de los derechos de la Iglesia y la unidad católica de las naciones. Resalto lo de lamentablemente. Sin embargo, aun hoy en estos tristes tiempos de la tristísima «primavera» posconcilar, existe una tentación permanente de crear partidos aggiornados e incluso hasta liberales o izquierdistas pero siempre orientados a convertirse en una caja de resonancia de intereses particulares de ciertos sectores de la jerarquía eclesiástica. En nuestra historia, lo fue hasta el izquierdista PSR. Sabemos por lecciones amargas que nada impide que nuestros liderazgos eclesiásticos acaben siendo copados por falsos posibilismos, maquiavelismos ridículos e incluso agendas patentemente antivida y antifamilia (sino vea usted al inefable Paul Ehrlich, autor del bulo La bomba demográfica como invitado de honor en el Vaticano actual). La historia de amor entre el Partido Popular y la Conferencia Episcopal Española es la mejor demostración de la infecundidad perniciosa de este tipo de compromisos. Ha de buscarse un partido o frente únicamente comprometido con sus principios.

  • Evite la tentación de la sociabilidad limeña: Una de las cosas más extendidas en nuestro país y especialmente en la suave y dulce ciudad de Lima es la del amiguismo. No quiero decir, en este punto, que no deba uno tener amigos, incluso de posiciones doctrinales diversas u opuestas; sino que muchas veces, por el prurito de nuestra desbordante sociabilidad, acabamos haciendo frente común en causas mucho menos importantes con gentes totalmente consagradas a la autodemolición de la sociedad y de la Iglesia. Algo de eso veo en el Instituto de Estudios Social Cristianos, donde, junto a personas de excelentes antecedentes y doctrina aceptable, se encuentran notorios progresistas como el teólogo de Ollanta Humala y exministro de Nadine Heredia, José Luis Pérez Guadalupe. Urge exorcizar esta tentación, que puede ser nefasta a la hora de la acción política.

  • No tema «pensar fuera de la caja»: No hay nada peor que vivir con un traje prestado que, aunque hagamos lo que hagamos, siempre tienda a generar las condiciones de un envilecimiento cada vez mayor de la sociedad. Así, estudiar la posibilidad de apuntar, como horizonte mediato deseable, a una reforma del Estado peruano basada tanto en los ricos matices de reflexión que nos ofrece el principio de subsidiariedad, como en nuestra tradición histórica e índole sociocultural, creo que es urgente. Estamos a punto de atestiguar a nivel global una serie de cambios fundamentales que probablemente hagan caer por tierra muchos dogmas políticos de la modernidad, así que no tema «pensar fuera de la caja».

Finalmente quisiera terminar esta serie de cartas abiertas a distintos políticos cristianos –más que nada artículos breves reflexivos, como botellas al mar que quizá no lleguen nunca  a sus destinatarios– invocando, tanto a usted, como a los demás, a tener siempre en consideración la primacía de lo espiritual y vivir preparados y en constante oración, porque vendrán tiempos de compromisos y exigencias taxativas.

¡Que Dios lo bendiga!

 

César Félix Sánchez Martínez

Laico católico y profesor de filosofía


Carta abierta a Luis Solari De la Fuente
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