Carta abierta al congresista Julio Rosas

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Por César Félix Sánchez.

Arequipa, 9 de marzo de 2018

Estimado Señor:

Ya ha pasado algún tiempo desde que casualmente lo vi y pude saludarlo en las calles de Arequipa. Estaba usted con su esposa; ambos acababan de  defender a unos extranjeros, creo que vendedores ambulantes, que parecían haber sufrido alguna arbitrariedad de parte de la policía municipal, cosa que puede sorprendente para aquellos que, por razones de odio prejuicioso, lo caricaturizan como un personaje intransigente y cerrado sobre sí mismo. Nada más lejos de la verdad.

Lo felicité por su labor infatigable y totalmente ajena a respetos humanos y compromisos y negociados bajos, tan tristemente frecuente en otros que solo buscan asociarse con el movimiento pro-vida y pro-familia y con los cristianos en las campañas electorales, para luego olvidarlos o incluso traicionarlos. Esa integridad es reconocida incluso hasta por sus enemigos.

Le escribo en un contexto especialísimo: por un lado, la bancarrota moral de la clase política peruana se hace cada día más patente; por otro, el vasto proyecto de ingeniería social antihumana y anticristiana se expande por el mundo, en apariencia imparable. Pero asoman signos de los tiempos esperanzadores: tanto en Europa como en Estados Unidos e Iberoamérica, las mayorías silenciosas, ignoradas e insultadas por los medios de comunicación al servicio de la oligarquía global, despiertan y manifiestan a través de las urnas un ¡no pasarán! a los diversos lobbys cuyos experimentos son cada vez más repulsivos y grotescos.

Esta ola llegará también al Perú y hay que irse preparando. A la defensa, urgente e impostergable, de la vida y la familia, hay que añadirle un proyecto nacional mayor que haga por fin del Estado peruano, elefantiásico amasijo de institucionalidades contradictorias, un servidor de la sociedad, eficaz a la hora de hacer cumplir la ley y de imponer un orden público por el que clama nuestra sociedad. Una visión de país que no excluya a dos sectores fundamentales para la vida peruana, que constituyeron el escudo y la argamasa que nos defendieron y mantuvieron unidos cuando las agresiones del terrorismo marxista y de la demolición económica socialista parecían amenazar la supervivencia misma del Perú: la familia militar y los cristianos, vilipendiados más que nunca por los defensores del nuevo totalitarismo de género, pero que constituyen la inmensa mayoría nacional.

Usted se ha mantenido al margen de la inmensa maquinaria de corrupción de Odebrecht y de otros grandes intereses internacionales que corrompen desde hace muchos años a nuestros políticos y es así que le corresponde, junto con personas de trayectoria semejante, liderar esta alternativa urgente para el bien común de nuestro patria

¡Que Dios lo bendiga!

 

César Félix Sánchez Martínez

Laico católico y profesor de filosofía


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