Carta desde el 2021

Por: Jorge Malpartida


Queridos peruanos:
Les escribo desde un futuro cercano, unas horas después de celebrar nuestro Bicentenario de la Independencia, y les tengo muy malas noticias: Kenji Fujimori acaba de ser investido como nuestro presidente número 61. ¡Y todavía ganó en primera vuelta!

Sí, el Benjamín del clan Fujimori, el precursor de las demostraciones de amor entre perro y hombre a través de la televisión de señal abierta, arrasó en las urnas y nos demostró una vez más que los peruanos votamos con cualquier cosa menos con la cabeza.

Sería ocioso decirles las ovaciones que lanzaron los fujimoristas ese día en el Congreso y de los hurras que su líder fundador Alberto Fujimori dio a su hijo menor desde su curul de parlamentario vitalicio y protector de la Nación. Porque claro, como prometió la reelecta congresista Cecilia Chacón hace un lustro, Fujimori no solo salió por la puerta grande sino que fue levantado en hombros y puesto en un pedestal por nuestra desmemoriada ciudadanía.

Es innegable que las constantes apariciones del ex reo Fujimori en los mítines de campaña de Kenji le sumaron cientos de miles de votos. Cada vez que Alberto subía al escenario a cantar los hits del verano “Somos Inocentes” y “El Baile del Chino 2.0” las masas nostálgicas del autogolpe desfallecían en el piso como en un sermón de “Pare de Sufrir”.

Pero Kenji también tuvo sus aciertos. En un país en donde los programas de TV más sintonizados siguen siendo “Esto es guerra 3D” y “Combate” (ahora en Súper HD), supo ser empático con los electores y se mostró como un político cercano: no lee (ni piensa hacerlo, es más quemó en vivo la última novela de Vargas Llosa), roba pero hace obra y promete resultados rápidos a los problemas del país.

¿Cómo sucedió todo esto? Creo que comenzó hace cinco años, cuando antes de la segunda vuelta de de 2016 Keiko Fujimori dijo que “en el 2021 no habrá ningún candidato que se apellide Fujimori”. Kenji respondió que esa decisión era suya y “solo en el supuesto negado que Keiko no gane” él postularía. Por supuesto que esas peleas internas le restaron puntos a la candidata de Fuerza Popular y perdieron. Los congresistas fujimoristas, con la sangre en el ojo, dinamitaron durante todo su gobierno las reformas de PPK y crearon las condiciones para que Kenji se luciera en el Parlamento.

Ahora que veo, con vergüenza, a nuestro nuevo mandatario no sé si, esa vez, debimos votar por Keiko para evitar esta desgracia (si ella ganaba la ley impedía que postularan a la presidencia sus familiares directos).

Al menos, algo bueno salió de todo esto. Ahora se ve al Perú como un país moderno que promueve las libertades y la igualdad de derechos. Y es que la comunidad internacional está maravillada con que nuestro presidente tenga como Primer Acompañante a un perro. No les niego que Kenji se ve tierno junto a Puñete III.

*Artículo escrito para el diario Sin Fronteras en su edición del 28 de abril de 2016.


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