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¡De los terremotos y de los alcaldes, líbranos, Señor!

Por: César Félix Sánchez Martínez


¡De los terremotos y de los alcaldes, líbranos, Señor!: introducción a la inminente destrucción de Vallecito

El recordado arquitecto y humanista peruano Héctor Velarde acuñó la letanía del título, allá por la primera mitad del siglo XX, cuando el daño que amenazaba al otrora riquísimo patrimonio arquitectónico de Lima empezaba a ser cada vez más patente, de la mano de alcaldes “modernizadores”. La situación ahora es inimaginablemente peor: la cuestión no es solo una amenaza al patrimonio paisajístico histórico sino a la misma condición de vivible de la ciudad de Arequipa. Y por obra de aquellos que deberían preservarla.

A la lista de babélicos e inconclusos “proyectos” viales de nuestra ciudad se sumará dentro de poco, si es que no ocurre algún milagro,  el llamado viaducto subterráneo de Salaverry, destinado a unir la avenida Venezuela con el óvalo de Vallecito. Obra millonaria sin autorización de la UNESCO, ni estudio de impacto, ni de presencia de restos arqueológicos ni mucho menos licencia social por parte de los vecinos. Está pactada para 13 meses, pero, al igual que siempre, durará más y el alcalde lo sabe. ¿Qué sentido tiene arriesgarse a hacer una obra que es más que seguro que quedará inconclusa para el fin de su gestión? Si el objetivo es la propaganda para postularse a la región, pues incluso ese tiro saldría chueco: no hay nada que enrabie más a vecinos y a conductores que la interrupción del tráfico en tan importante arteria y su mayor caotización, en un contexto plagado de obras todavía inconclusas y, como no terminará para el momento de la campaña, no habrá ningún éxito inmediato que capitalizar, así que ni aun por su interés particular esta extraña entelequia habrá de servir al alcalde Zegarra.

Pero, paralelamente a este absurdo, otro, quizá aún más doloroso, se viene cocinado: en el contexto de las famosas vías alternas para esta obra se contempla la creación de una carretera en torno al área ribereña del Chili en Vallecito, en las urbanizaciones San Isidro y Los Álamos. Los vecinos, con un valor inusitado, lograron frenar temporalmente este estropicio, que hubiera provocado la tala de más de 200 árboles y la inevitable destrucción de uno de los pocos parajes urbanos de la ciudad que todavía conserva algo de belleza y tranquilidad. Ya la parte superior de Vallecito está seriamente afectada por la desviación del tráfico a causa de las obras en la Variante de Uchumayo: el viaducto de Salaverry y las “vías alternas” serán su final.

Se ha dicho en algún lado que el plan metropolitano de Arequipa de 2016, dado por el flamante Instituto Municipal de Planificación prevé indefectiblemente la utilización de esa zona ribereña. Sea lo que fuere, ese plan, igual que todos los anteriores (e incluso el hecho durante la gestión de Juan Manuel Guillén en el sillón municipal, muchísimo mejor que este a la hora de proteger el patrimonio), acabará siendo papel mojado y tiene solo el apoyo que la autoridad le quiera dar. Recordemos que bajo este mismo plan, el proyecto del gran parque metropolitano de Arequipa entre las avenidas Lambramani y Dolores ha acabado reducido a su mínima expresión.  Recordemos que este proyecto había sido vislumbrado desde hacía más de veinte años. Y ahora, gracias a la Universidad Continental, a los múltiples canchones de venta de autos, a las urbanizadoras y por supuesto, a los alcaldes, especialmente a Zegarra, ha quedado reducido prácticamente a una nada, hollada, para unir injuria al insulto, por los circos y las ferias itinerantes, igual que el área del valle del Chili cercana al puente San Martín, pues ya no son áreas intangibles, sino que su zonificación ha sido degradada por la municipalidad para permitir tales despropósitos (recordemos que incluso la Serenata a la ciudad del año pasado fue organizada en aquella área, en burla grotesca a Arequipa).

Contrariamente a lo que dicen algunos, ni el “viaducto” ni mucho menos las vías alternas son “vitales” para Arequipa. Vital es la implementación de un Sistema de Transportes medianamente adecuado. Porque ningún anillo vial en ningún lugar del mundo acaba con la congestión, solo la posterga y genera un inevitable cuello de botella en algún otro lugar, especialmente en aquellos donde no hay infraestructura proporcionada que calce con el “megaproyecto”. Imagínense cómo será, con esa vía “ribereña” el cruce de la Marina con el Puente San Martín. Igual que en el caso del Palomar y el Hospital General o el Puente Chilina o de los intercambios de la Dolores, desembocará en vías estrechas que incluso empeorarán el tráfico.

La solución al problema tráfico es sistémica y no pasa por la siembra de cemento ni la destrucción de la calidad de vida de la ciudad.


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