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De vuelta a la formación del político

Por: Gonzalo Banda


De vuelta a la formación del político

Burke sostenía que el mundo no está mal por la decena de gentes perversamente malas que existen, si no por la inmensa cantidad de gente buena que no hace nada para evitar grandes catástrofes. Las catástrofes son como la rajadura en un mármol, al inicio apenas se notan, con el tiempo avanzan con rapidez, al punto que luego destruyen el mármol, y lo que empezó siendo apenas una rajadura puede partir una piedra de toneladas.

Así puede suceder que hayamos convivido en un Estado corrupto, pero que apenas daba señales de las rajaduras, pues retomamos la democracia después de Fujimori, y eso era lo importante, pocos se daban cuenta que tras esa aparente calma, se acunaba el terreno fértil para más de una década de corrupción, una década donde funcionarios y autoridades recibieron coimas de transnacionales para favorecerlos, como Odebrecht.

Detrás de la corrupción ¿qué hay? Hay acaso una crisis de instituciones, sí, hay acaso una crisis en los cuadros de partidos políticos, sí, hay estudios que demuestran que la ausencia de incentivos para cumplir con la legalidad permiten hacer crecer la corrupción, también. Pero fundamentalmente la corrupción es un mal, un mal de personas, que deciden recibir un incentivo para favorecer una licitación. Y el mal es un problema moral.

Los griegos y la sociedad medieval, antes de la formación técnica de un príncipe o de un político dedicaban mucho de su tiempo a la formación moral, quizá porque los conocimientos técnicos –que hoy son tan apreciados–, ocupan en la escala de formación–, un lugar que no es el protagónico, son útiles, pero de qué le sirve al hombre tener grandes habilidades retóricas o económicas, si es incapaz de honrar su palabra, de cumplir sus compromisos, de hacer el bien y hacerlo continuamente.

En el fondo es la gran pregunta por la formación humana, el progreso sólo tiene sentido si hay un lugar al que nos lleva, la formación moral prepara a los hombres, incluso a los políticos para los retos que la vida misma emprenderá. Un político que ha sido moralmente formado, no se dejará seducir por lo mareantes números de una cuenta bancaria, o las vacaciones paradisíacas, sino que fundamentalmente pondrá sus estimación en el servicio que ha hecho de cara al bien común. No será acaso la hora de volver la vista hacia la formación moral nuevamente y abordar fenómenos como la corrupción como lo que son, graves problemas morales, antes que de estructuras y procesos.


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