Duración como medida de las perfecciones: La familia cristiana

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Por: Joan O´brien

Duración como medida de las perfecciones[1]

La familia cristiana

El hombre al transcurrir el tiempo va reforzando la idea de que no se siente cómodo con lo duradero, pues se aferra cada vez más a experiencias cortas y veloces, encuentra en ella el cobijo para no luchar por lo verdaderamente bueno y sano para él. Parece que viviéramos en un miedo constante a quedarnos atrapados en un mismo sitio, con las mismas personas y relaciones. Y por qué no otorgarle la responsabilidad de esto a la falta de fe.

Juan Donoso Cortés se refiere a la perdida de la vedad a razón de la perdida de la fe y de cómo una sociedad antirreligiosa se va descomponiendo y probablemente no nos demos cuenta. Parece ser entonces, que el hombre necesita de un componente adherente que viene a ser la religión, es esta una característica propia del hombre. Donde veamos tendremos que, en toda comunidad humana siempre se ha cultivado una religión.

Probablemente el hombre de hoy considere que le resulta mejor despojar de la ecuación de su vida al estudio de Dios, estando equivocado pues es dicho estudio el que abarca todas las verdades, ya que estas son universales[2] y abarca todo conocimiento que esté disponible para el hombre sobretodo en cuanto a la formación de buenos seres humanos.

Siendo muchos los aspectos de la vida del hombre en los que podríamos encajar esta frase de duración como medida de las perfecciones, nos enfocaremos en la célula de toda sociedad: la familia, la misma que debería construirse bajo el ejemplo de la familia divina.

La familia cristiana está hecha para durar lo que dura la vida, esta debe ser el soporte para la formación de los hijos, porque es en ella donde nacemos, crecemos y nos hacemos adultos.[3] El que la familia en la actualidad pueda ser armada y desarmada según nuestros gustos, pasiones y preferencias pasajeras despojan de valor a la unidad familiar. Reafirmo que la familia se constituye como tal para durar y se le arrebata su perfección al destruirla. Se quiere perpetuar la idea de que podemos hacer con la familia lo que nuestra voluntad, cada vez más errática, desee. Tan grave tentativa ocurre porque la familia es la primera escuela donde se aprenden todas las virtudes cristianas. Y ésta a su vez es la columna de la sociedad cristiana. Destruida la familia, se destruyen las bases de la sociedad cristiana.[4]

El punto final a enfocar recae en que desvirtuar la duración de la familia solo la llevará a su destrucción y dejará de cumplir su rol fundamental en la sociedad, que es el de proveer a la persona de lo necesario para formarla como un hombre pleno, es ahí donde recae su importancia. La familia cristiana es perfecta en tanto dura como una institución necesaria en la sociedad donde se formaran los hombres en amor y en valores.

[1] JUAN DONOSO CORTÉS, Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo y el Socialismo, Biblioteca Virtual Universal, 2003, pág. 13.

[2] Ibídem, pág. 10.

[3] CARLOS ALVAREZ COZZI, El “Imperialismo Cultural dominante” y los valores de familia y la vida, Adelante La Fe, diciembre de 2016. https://adelantelafe.com/imperialismo-cultural-dominante-los-valores-la-familia-la-vida/. Pág. Web consultada el 2 de abril de 2018.  

[4] PADRE ALFONSO GÁLVEZ, Homilía: La campaña contra la familia cristiana, Adelante La Fe, junio de 2016. https://adelantelafe.com/homilia-la-campana-la-familia-cristiana/. Pág. Web consultada el 2 de abril de 2018.


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