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El diálogo en el Perú

Por: Roncuaz   roncuaz

Detrás de toda gran fortuna hay un crimen

Muy de moda en estos días poner a la gente a favor o en contra. Si estás a favor de la minería estás en contra del agro y viceversa. Si estás a favor del orden están en contra de la justicia. Si estás a favor de una protesta justa estás en contra de todas las cosas justas que pueda haber hecho el gobierno. Funciona siempre con un brutal mecanismo de simplificación que paradójicamente complica todo porque atomiza la realidad y la reduce a dos afirmaciones opuestas. Es la rueda del conflicto permanente que sería el motor de la historia hacia un progreso indefinido y no por interminable sino porque no se sabe de qué se trata, es decir no se define por naturaleza. El vicio que está detrás es la impaciencia, una de las formas más comunes de la soberbia. Por ella todos los involucrados creen tener la razón y con trozos de justicia se hacen ejércitos contrarios sin poder ver que la verdad no puede ser poseída sino buscada y servida comunitariamente.

El tan invocado diálogo no se hará presente jamás en medio de un conflicto que se polariza cada vez más. Un gobierno (lo que de él queda y llega hasta acá) sordo e ignorante (ni siquiera pone bien los nombres de los distritos en un comunicado oficial) que ha perdido buena parte de su autoridad por sus propios escándalos internos no será jamás una interlocutor confiable. Una dirigencia que ha traicionado los intereses que decía defender literalmente por un plato de lentejas, tampoco. Una empresa cuestionada por sus prácticas en este y otros países, menos. Lo mejor que podremos tener por acá va a ser algo muy parecido a un diálogo entre mafiosos. La verdadera política queridos lectores está en nuestras casas, en nuestros amores fundantes. De allí tiene que venir el liderazgo y la confianza.


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