El escaparate del Cardenal

Por: César Félix Sánchez Martínez


El escaparate del Cardenal

Ríos de tinta virtual se han escrito sobre la ya famosa frase del Cardenal en su programa radial sabatino. No está demás citarla de nuevo, en aras de poder clarificar su sentido (en la medida de lo posible): «Las estadísticas nos dicen que hay abortos de las niñas, pero no es que hayan abusado de las niñas, son muchas veces porque la mujer se pone como que en un escaparate, provocando». Lo que PARECERÍA SIGNIFICAR (resalto esto porque el dicho es bastante ambiguo) que esta frase  ni siquiera alude a abusos sexuales, sino a abortos producidos no por abusos sino por estados de vida libertinos generados por los medios de comunicación, etc…Así que no está tan claro que el Cardenal haya pretendido referirse a abusos sexuales, ni mucho menos justificarlos, como apuntan muchos de sus enemigos.

Por otro lado, el mismo Cardenal ha admitido que su  «frase es desafortunada y equivocada». ¿Qué vuelta podemos darle? Fue una frase desafortunada y equivocada. Salvo que no lo fuera y que el Cardenal haya mentido al decir que una frase de doctrina coherente y de prudencia excelsa sea una frase desafortunada y equivocada. Cosa que haría al Cardenal un cobarde que ante el bullying no le dice a las cosas lo que son, sino miente. Y eso me parece muy improbable. Ahora, que todo esto pueda servir para que los anticlericales y anticatólicos ataquen a la Iglesia, pues qué sorpresa, ¿no?…Ninguna es la sorpresa, los anticatólicos serán anticatólicos frases de Cipriani más o frases de Cipriani menos. Claro está que sería deseable que las luchas fueran sobre temas más elevados. Pero la mediocridad (tanto en la Iglesia como en el Mundo) se ha elevado a cotas increíblemente altas en estos días. Tenemos a los revolucionarios sexuales y demás neomarxistas, por un lado, que hace ya bastante tiempo no comprenden de sutilezas y que han abolido, en muchos casos, el buen sentido, la lógica natural, al considerarla un discurso más. Tenemos, por otro, a un Cardenal que desaprovecha las oportunidades de un programa radial en donde debería compartir los tesoros de la fe (la historia sagrada, la historia de la Iglesia, el simbolismo de la liturgia, las vidas de los santos, y, también, la política según el Evangelio -es decir, el Reinado Social de Nuestro Señor) para emitir toda suerte de dichos de gusto naturalista (naturalista de derechas, pero naturalista al fin y al cabo) y demás criolladas simplonas, que a veces, como en esta ocasión, le acaban jugando malas pasadas.

Finalmente, quisiera lanzar algunos “temas de reflexión” al público lector: 1) Si determinadas personas se quejan de la desmesura y violencia supuesta de los dichos del Cardenal, ¿no es ciertamente ridículo y contradictorio que respondan a esos dichos perdiendo los papeles y con igual o mayor violencia y desmesura? 2) Muchos católicos «neoconservadores» peruanos sienten repentinamente un llamado a la Cruzada cuando se toca materialmente a las Autoridades Eclesiásticas en asuntos no directamente doctrinales (p. e.: el tema de los plagios del Cardenal o este tema del escaparate), pero cuando hay peligro próximo para la fe (como en los temas de Amoris Laetitia, o en el Sínodo o en la perpetua destrucción litúrgica que atestiguamos cada domingo), ¿son igual de cruzados? ¿O es que esas cosas de Fe les importan menos que las «manchas a la imagen» de determinada Autoridad? ¿O será que ya ni siquiera pueden comprender la doctrina y se quedan solamente con la defensa de cáscaras mediáticas? Lo más gracioso es que muchos ni siquiera votaron por los candidatos pro-vida en las últimas elecciones o ni siquiera apoyan materialmente a las necesidades de la Iglesia, pero a la hora de la «guerra» virtual desde el escritorio se matriculan primeritos 3) El mundo del Facebook favorece toda suerte de escaramuzas que oscurecen el verdadero sentido de las frases 4) Nunca un supuesto buen fin justifica malos medios. Sea «defendiendo a la mujer», sea «defendiendo al cardenal». Ni mentiras, ni bajezas, ni falacias. Eso debería escribirse en letras de bronce en muchos sitios. Pero  se comprende cada vez menos en estos tiempos de «Primavera de la Iglesia». ¡Cuántos justifican groserías y/o medias mentiras por razones «pastorales» o apologéticas!

 


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