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El espacio de captación de talento, alto debate y formación en lo público que urgimos

Por Francisco Málaga Palao

El espacio de captación de talento, alto debate y formación en lo público que urgimos

Todos los días culpamos a nuestros gobiernos –que lo constituyen las autoridades elegidas que dirigen la región y las municipalidades- del mal funcionamiento de estas, y pensamos que con  mejores gobiernos la situación cambiaría, de hecho así sería, pero si lo que buscamos es hacer un cambio de forma sostenida y segura –o al menos previsible- lo que deberíamos buscar es mejorar nuestra administración pública –que la forman nuestros funcionarios o servidores en la región y las municipalidades-, quienes son en el día a día los aplican las decisiones políticas, normas y servicios a los vecinos.

La natural pregunta del lector será: ¿y acaso mejorar nuestra administración es más útil y factible que mejorar nuestro gobierno?, trataré de sostener en tres párrafos por qué creo ello:

  1. Alejandro Nieto nos dice que: “Sin gobierno y con administración (…) puede gobernarse de alguna manera y las cosas funcionan; pero sin administración no hay gobierno posible, por muy buenas que sean las voluntades y los propósitos de la clase política –de los gobernantes. Sin administración, la voluntad política se convierte en un simple deseo, puesto que aquella es la único instrumento que permite pasar del dicho al hecho y de la promesa a su cumplimiento”.
  2. Lo dicho podría corroborarse si preguntamos a un trabajador o a una autoridad pública sobre lo recién expuesto en el punto 1, estimo que le confirmara lo difícil o acaso imposible que es poder llevar a cabo una obra o una reforma de cualquier clase cuando no se tiene el apoyo –o al menos la no oposición- de los trabajadores públicos de la dependencia, el poder del funcionario es limitado pero inmenso, especialmente cuando se buscan hacer las cosas diferentes. Si no poseemos a una autoridad o a un funcionario público de confianza para realizar la consulta podemos dejarnos guiar por lo que nos dice el clásico libro de Lipsky: Street-Level Bureaucracy: Dilemmas of the Individual in Public Service (Burocracia a nivel de calle: Dilemas del individuo en el servicio público).
  3. A las autoridades -que forman el gobierno- no las podemos mejorar de forma previsible y sostenida, puesto que devienen de elecciones, en las que cualquiera puede salir elegido, más aun cuando lo gravitante en nuestras elecciones son la buena billetera –suya o ajena- que viene y va entre los partidos y candidatos, el apoyo de significativos bolsones de votos que suelen ir y venir entre los mejores postores a acoger sus demandas y el apoyo o no de la prensa, que suele ser fluctuante; si a ello sumamos que no se vislumbra a corto ni mediano plazo que lo descrito cambie, creo prudente descartar la posibilidad de poner nuestras fuerzas y escasos recursos en intentar mejorar a nuestros gobernantes -clase política-, y más bien enfocarnos en nuestros funcionarios administrativos; lo cual sé que suena poco romántico y hasta mediocre, pero es lo más racional y cierto que tenemos.

Si usted sigue mi lógica hasta ahora –sin esperar que sea “la” correcta-, la siguiente pregunta a responder es: ¿y cómo mejorar la administración pública arequipeña?, note que escribí arequipeña, fue intencional, pues resulta que el Perú ha creado a copia de otros países, una institución dedicada a mejorar la administración, la llaman SERVIR y dentro de esta se encuentra una Escuela Nacional de Administración Pública, todo indicaría que todo está solucionado: tendremos funcionarios capacitados, pero no nos emocionemos –estas instituciones ya se fundaron en otras materias y sectores- por lo que es muy probable que no dará solución a la administración arequipeña, y es que a pesar que en la ley de SERVIR las regiones y los gobiernos municipales pueden “pedir” gerentes capacitados y burócratas educados en dicha “escuela nacional”, nos topamos con lo mismo de siempre, en primer lugar y solo como indicativo, las oficinas de SERVIR están solo presentes en Lima, pasa lo mismo con la sede única de su Escuela, ¿Suena familiar, cierto?

Si lo que queremos es que nuestra administración pública regional y local mejore, parece un sueño de tontos esperar que dichas organizaciones centralizadas lo hagan de forma medianamente presta y convencida, en el mejor de los casos nos ayudarán con capital humano al igual que a las demás regiones, y claro, resguardándose los mejores cuadros para los ministerios y los organismos de carácter nacional, cuyas sedes convenientemente quedan todas en Lima. La autoridad nacional formará y dispondría a sus profesionales en lo que prioricen y al lugar que ellos deseen –conforme a sus propias normas y estrategias-, sin necesidad de realizar consulta alguna a nuestra región y ciudad, que previsiblemente no tendrá manejo formativo ni acceso a los mejores recursos humanos, esto es anti estratégico y por ello inadmisible si lo que se quieren son resultados positivos y ciertos para nuestra administración. La historia y los preceptos básicos de gestión pública avalan este crítico análisis.

Por lo expuesto, considero que la forma de mejorar nuestra administración pública es la creación de una institución regional y/o local que se dedique a educar y capacitar a dos tipos de funcionarios para nuestra realidad:

  1. Los de alta dirección y 2. De rango medio.

Lo ideal sería que antes que culmine el ciclo formativo de la primera promoción, se debe generar una norma regional y local por la cual sea requisito o puntaje para los puestos medios y altos en la región y los municipios –al menos los más importantes- el haber aprobado los programas dictados en dicha institución, los que en el primer caso no deberían pasar de 3 años y en el segundo los 2 años; la formación a ambas clases de funcionarios no deben ser simplemente académica como plantea la institución peruana SERVIR para su cuerpo de gerentes, pero muy enfocada en la misión, objetivos y necesidades de nuestro territorio y sociedad, los que son diferentes a los del Perú o al menos a muchas partes de este, como no puede ser de otra forma por las amplias divergencias naturales, económicas y sociales, por ejemplo: Loreto y AQP, o Lima y AQP.

Esta institución debería de contar con el decidido apoyo de la región y de gobiernos locales, nutrirse de los mejores servidores y especialistas actuales y pasados que radiquen o puedan traerse a la ciudad, así como anclar fuertes vínculos de compromiso con las universidades serias de la región, así fuera solo una la calificada y dispuesta.

En el peor de los casos considere que el gobierno regional y los municipios no establezcan como requisito o puntaje para sus servidores el haber egresado de estos programas de estudios, sin embargo, aun en ese escenario esta institución formativa sería sumamente positiva para la región y la ciudad, puesto que sería por su propia naturaleza –y dependiendo de su calidad- la fuente natural de nuestra élite administrativa pública y política, que dada la situación actual de estas –exiguas, de niveles superables y bastante inorgánicas- tendrá a todas luces efecto positivo en mejorar a nuestra administración y gobierno. Sin duda se constituiría en el espacio de captación de talento, alto debate y formación en lo público que necesitamos.

 

 

Puedes leer el anterior artículo de Francisco Málaga aquí:

Las combis no tienen la culpa


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