El valor de la lectura

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Por Marco Samuel Pari

El valor de la lectura

Hace poco más de un mes en la plaza Mayta Capac de Miraflores, un centenar de escolares se congregaron en el centro de dicho lugar para cumplir con una peculiar actividad fomentada por la Municipalidad del distrito pampeño. El objetivo era inculcar el hábito de la lectura en niños menores de cinco años, pero de una forma poco convencional. Como jugando.

Aproximadamente 100 niños observaban entre risas o sorprendidos la forma como sus profesoras recreaban cada pasaje de un cuento infantil. La representación de este tipo de literatura compromete no solo a las docentes, pues los padres de familia tienen una labor fundamental en esta titánica tarea de fomentar la lectura en nuestro país.

Tarea verdaderamente difícil, pues según la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura, se dio a conocer que en promedio cada peruano lee menos de un libro al año. Estudio que si se segmenta por rango de edad deja mayor preocupación ya que los adultos entre 40 y 50 años leen menos que el promedio nacional.

Promover la lectura en estratos sociales tan complejos como el peruano es complicado, no solo por la falta de bibliotecas públicas o un adecuado acceso a libros sino por la falta de un hábito que debiera inculcarse desde niños y que tendría que ser tan vital como lavarse las manos antes de comer.

Una explicación radica en el bajo nivel socio económico, ya que los pocos ingresos dificultan el acceso a libros. Sin embargo, esto solo constituye una de las aristas más diminutas del problema. Alvaro Lasso, director de la editorial “Estruendomudo”, afirma que en el colegio se hace ver a la lectura como un castigo. Si un alumno es indisciplinado lo mandan a leer a la biblioteca y esa concepción cala en el inconsciente del alumnado, de tal forma que se percibe a la lectura como un correctivo.

La otra gran causa es la falta de políticas públicas que fomenten la lectura y la ausencia de bibliotecas en la gran mayoría de los colegios nacionales, donde además de una currícula educativa cuestionable, también advierte falta de actividades pedagógicas que precisamente impulsen a los estudiantes a revisar libros distintos de los que son obligados a leer.

Los resultados de la evaluación censal de estudiantes realizada en 2016 son claros respecto a este problema. Si bien el Ministerio de Educación logró un significativo avance en matemáticas; 34 estudiantes de 100 pueden resolver problemas matemáticos en aula, cuando antes la cifra era de 29; se retrocedió en el número de alumnos que entienden lo que leen. La comprensión lectora en estudiantes de segundo grado de primaria retrocedió en 3% respecto al 2015.

Según la misma evaluación, las regiones de Tacna y Moquegua son las mejores posicionadas en comprensión lectora, le siguen Callao, Arequipa y Lima. Quizás por eso la tarea primordial para cambiar el chip de leer por castigo a leer por placer, pasa por hacer divertida la literatura infantil.

Para lograr ello se involucra a todos los agentes que influyen en la formación del educando. La estrategia es narrar las historias plasmadas en libros y representarlas en actuaciones conjuntas entre alumnos, profesores y padres de familia. Valiéndose además de efectos sonoros, vestuario y ambientación. Esta forma lúdica despierta la curiosidad de los más pequeños, creando interés sobre cuál es el desenlace de una historia que obligadamente tendrá que revisar en un libro.

Esta práctica que empieza a realizarse de manera cotidiana en varios colegios de Miraflores, mediante las denominadas bibliotecas itinerantes, se realiza paralelamente en plazas, espacios públicos y muchos otros lugares, además de generar interés también genera sensibilidad respecto a la importancia de la lectura no solo para el desarrollo personal, sino para el desarrollo colectivo.

Si se hace correctamente, los resultados podrán cristalizarse recién en un aproximado de 15 años, lamentablemente en los adultos es más difícil crear un hábito. La educación peruana tiene entonces el reto de fortalecer las distintas inteligencias que Goleman estableció. Pues hasta hace pocos años en las aulas escolares se restringía únicamente a la instrucción en cursos base, como matemática, lenguaje, física, etc. Felizmente, hay consenso respecto de brindar a los estudiantes formación que les permita explotar sus capacidades en ámbitos como la poesía, música o el arte. El problema y la gran discusión es encontrar el método para hacerlo, en plantear la estrategia adecuada que nos arrojen resultados óptimos y nos acerquen un poco más al Perú que todos queremos.


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