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Entre el ejecutivo y el legislativo

Por: Carlos Timaná Kure


Entre el ejecutivo y el legislativo

La relación entre el legislativo y el ejecutivo es uno de los temas más interesantes de análisis desde la ciencia política en los sistemas presidencialistas, como el nuestro, pero no es así en los sistemas parlamentaristas, donde se da por hecho, ya que es el parlamento el que escoge al presidente, como en la mayoría de los casos europeos y japonés.

América es presidencialista, a excepción de Canadá y algunas Antillas; se puede apreciar esta regularidad en nuestro continente, pero esto no quiere decir que no existan diferentes escenarios entre el ejecutivo y el legislativo a lo largo y ancho del territorio, como de la historia.

Uno de los casos de mayor cooperación en temas estratégicos lo ha tenido EE.UU., la cooperación bipartidista de demócratas y republicanos había sido más o menos fuerte hasta el primer gobierno de George W. Bush, pero a partir de su segundo gobierno la crispación entre ambas fuerzas políticas ha aumentado a niveles extremos, el mayor hito en esta senda se alcanzó el 7 de abril pasado cuando para la elección del juez Neil Gorsuch en la Corte Suprema de Justicia, el partido republicano en el Senado tuvo que cambiar la mayoría calificada -60 votos-  a una mayoría simple, para definir la elección de quien sucedería a Antonin Scalia tras su deceso en febrero pasado.

El caso de mayor cooperación entre el ejecutivo y el legislativo es el caso colombiano, donde no importa de qué color o bandera política sea el presidente, siempre ha encontrado la forma de lograr mayorías suficientes en el legislativo, salvo los 2 primeros años del Gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002); para lograr las coaliciones utilizó la burocracia, la contratación pública y lo que antes se llamaba los auxilios parlamentarios, que hoy son denominadas genéricamente mermelada, con ello se logra que el Congreso no ejerza algún tipo de control político.

Ya próximos a cumplir un año de la era PPK en el ejecutivo y del legislativo en manos de Fuerza Popular, creo que podríamos afirmar que nos encontramos en un punto medio entre los dos escenarios antes expuestos, ni tenemos una situación de oposición obstruccionista, ni tenemos un Congreso regalado al ejecutivo.

La cohabitación ha permitido que el ejecutivo gobierne, pero sin sentirse a sus anchas, ha tenido que dar la cara en el tema de la adenda al contrato del Aeropuerto de Chinchero, donde con o sin clausulas penales de la Contraloría, quedó claro que el contrato atentaba contra el interés de la nación y pasó lo mejor para el país, se canceló.

Al mismo tiempo los ministros saben que tienen que hilar fino en sus despachos, como ordenadores del gasto en sus sectores saben que tienen que justificar su accionar, están bajo la lupa, no sólo de Fuerza Popular, sino también de los grupos minoritarios, como Acción Popular, que han mostrado también hambre de ministros como el caso de la interpelación al Vicepresidente Martín Vizcarra, anterior ministro de Transportes y Comunicaciones.

Tal vez la mayor lección en este año ha sido la relación inversamente proporcional entre gobernabilidad y control político en la relación entre el ejecutivo y el legislativo, pero que a todas luces con más acuerdos sobre lo fundamental y menos titulares incendiarios podría romperse, pero hasta ahora, en la dialéctica hegeliana, la que ha salido más vapuleada es la tentativa de corrupción.


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