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Gonzalo Banda: Historia de un fratricidio. Arequipa y Tía María

Por Gonzalo Banda Lazarte

Estos días siempre he rehuido escribir sobre el conflicto de Tía María. Quizá porque a pesar de haberme empapado de toda la información que he podido, me siento extremadamente limitado para describir un conflicto que puede abrir tantas cicatrices que el arequipeño lleva en la piel. Pero acabo de leer que dos personas enfermas han fallecido tras no poder recibir cuidados médicos para atenderse, porque la carretera a la altura de La Joya fue bloqueada, y jamás pudieron acercarse a un centro de salud para atenderse en su agonía. Pocas cosas importan después que te cae tremendo rayo en el corazón.

Gonzalo Banda Lazarte
Gonzalo Banda Lazarte

Creo que a estas alturas poco importa si se trataba de personas que tenían enfermedades crónicas o terminales, merecían otro tipo de cuidados, como seres humanos dignos. Merecían llegar a un hospital y luchar por sus vidas. Hoy sus familias lo lloran amargamente. Como lloran los habitantes del Valle del Tambo sus muertos, como llora la familia de la Policía Nacional del Perú a su oficial protervamente asesinado. Peruanos, arequipeños mueren. Ni la más justa de las revoluciones vale una vida humana. Ni una sola de su sangre.

¿Qué estamos haciendo? La articulación del diálogo en Arequipa, siempre fue una nota característica entre nuestras élites sociales, políticas, empresariales y gremiales. Permitió a Arequipa hacerle frente a catástrofes naturales como las ocasionadas por fatídicos terremotos o la barbarie de gobiernos dictatoriales. Arequipa según Basadre representaba más que ninguna otra ciudad, los valores republicanos del Perú, quizá porque su afán libertario estuvo muy arraigado en el respeto de los principios de su identidad mestiza, valores de lo que tanto nos ufanamos. Arequipa fue siempre una ciudad que no remilgaba mucho ante sus problemas, donde había una pared caída por un terremoto, al día siguiente había un misti levantando con sillar, una nueva pared, nunca hubo espacio para los lamentos. Pero ya basta.

Durante los últimos quince años se ha intentado responder, desde diversos sectores sociales, a desafíos coyunturales y estructurales que Arequipa demandó. En este momento vienen a mi cabeza esfuerzos como los protagonizados por la Agenda por el Desarrollo elaborada por la UNSA, la UCSM y la UCSP, o quizá los Congresos Anuales sobre la Región Arequipa –CARA-, las Jornadas de Cátedra Arequipa, la constitución de Asociación Cerro Verde en el marco del Fondo Minero de Solidaridad con el Pueblo, la Mesa de Concertación y Lucha contra la Pobreza, la iniciativa ciudadana Arequipa Te Queremos, hasta incluso la conquista por la construcción de la Planta de Agua Potable de Arequipa, mérito de muchos gremios y la empresa privada, puede enmarcarse dentro ese pacto social. Hoy se ha vuelto a romper.

Cada una de estas iniciativas, por sí sola no vale mucho, pero su articulación, el conocimiento que se intercambió con las personas que nos involucramos en la discusión pública, era un bien invaluable. Pero en pocos días hemos aprendido que al parecer no fue suficiente. Que tal vez Arequipa, cada cierto tiempo experimenta enfermedades crónicas que fracturan su alicaída visión de desarrollo, y nos polarizan, atraen sobre nosotros largas sombras de violencia y lucha fratricida.

Lo que sucede con el proyecto Tía María, nos ha cogido nuevamente desnudos y quebrados. Es que la aparente estabilidad social, era un espejismo que si bien fue estudiado, terminó por demostrar que no existía un proyecto de región común que perdurase, porque precisamente albergamos todas nuestras expectativas de estabilidad en un aparente concierto de voluntades, que no era tal, o que por lo menos era garantizado por dirigentes sociales que decidieron quebrarlo cuando se quedaron sin protagonizar la escena pública, por autoridades que se pusieron de espaldas a su pueblo.

El modelo que garantizó la precaria estabilidad de Arequipa, tras el Arequipazo o  la firma del convenio marco con Cerro Verde para la construcción de la Planta de Agua Potable, está demostrando que no ha resistido la embestida descomunal de la crisis institucional que atraviesa toda la patria, la ausencia de instituciones que garantizaran a largo plazo el bienestar y la convivencia pacífica, nos está cobrando el precio de haber construido una estabilidad económica de corto plazo, que garantizara el bienestar inmediato, sin apuntalar los problemas estructurales que nos separan como Región: exclusión, pobreza y olvido.

¿Qué nos queda por hacer ahora? tal vez  abrir el diálogo, tal vez intentar  concientizar a la ciudadanía, fortalecer nuestras instituciones, abrir nuevos espacios de debate, lo debemos intentar todo. Pero aquí olvidamos que paradójicamente que la premisa de un Estado Débil que solucione el ritmo de nuestras enfermedades, es lo que nos ha terminado por enfermar a Arequipa.

Nuestra Región se presenta como segunda región del Perú, pero sus hospitales datan de los años 50, su sistema de transporte está anquilosado, sus redes de agua potable no han llevado el recurso a miles de hogares, problemas por donde se miren, y si bien su pobreza urbana y marginal se ha reducido, su calidad de vida en muchos aspectos ha retrocedido, por la patente inseguridad, el caos, la contaminación de sus aguas. Y aquí aparece el Estado, ese viejo desconocido que viene de vez en cuando pasa a pedir votos, pero que ha olvidado a Arequipa, que no ha permitido su desarrollo pese a ser le región que lideró el crecimiento en toda la patria.

Quizá hemos perdido protagonismo en la escena nacional, pareciera que por aquí no pasaron ni Belaúnde, ni Mostajo, ni Bustamante y Rivero, hemos dimitido de ese protagonismo que alguna vez nuestras élites políticas y sociales tuvieron en la discusión del Perú. Nuestro Alcalde Provincial es ninguneado por el MEF y Proinversión, nuestra Gobernadora Regional casi suplicante pide acción al eterno ausente del conflicto que arrasó en votos: Humala. Seguramente el conflicto de Tía María se resuelva con su suspensión del proyecto. Pero si hay un responsable que la sangre llegara al río es el gobierno que dejó incubarse un estado de desborde social, donde Arequipa jamás estuvo en su agenda. No lo estuvo ni en la agenda de Fujimori, ni en la de Toledo ni en la de García tampoco. Arequipa es y ha sido olvidada.

Cuando uno constata la cobertura de la prensa nacional sobre el tema, tiene la impresión que somos unos extraños ciudadanos, con delirios suicidas, cuando lo único que estamos experimentando son las fracturas ocasionadas por políticas públicas que han olvidado a Arequipa, que le patean la conciencia, con delirios de opio como Majes Siguas, Petroquímica y Monorrieles.

Lo cierto es que Arequipa enfrenta nuevamente un discusión pública de su desarrollo y su visión de Región, ojalá nuestras instituciones, la academia y autoridades puedan lograr un nuevo acuerdo comunitario que apunte al corazón del Estado y pueda garantizar el progreso en la región donde –a decir de Víctor Andrés Belaúnde- todos somos hidalgos como el rey, dineros menos, qué difícil armonizar intereses comunes con tanto orgullo a flor de piel.

Pero que no se crea que esto no puede acabar en un desborde popular, y en la reivindicación de auténticas causas populares, porque Palacio ha regado promesas incumplidas, como quien pasó por aquí creyendo que sólo arrastraba votos. Arequipa puede tener muchos defectos, pero no sufre amnesia. Ojalá nuestro Presidente de la República tenga el coraje de asumir la responsabilidad política que dejó en el Valle y en la Región, ojalá no termine ninguneando la protesta, sería un dejá vú, ya tuvimos un Ministro del Interior que nos trató de cobardes, y si se acuerda la escena no terminó bien. Señor Presidente asume tu responsabilidad, asume el peso de las promesas que hiciste y de las innumerables que no cumpliste, porque hay gente muriendo por el silencio.

Fuente: UCSP


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