Jonás y Roncuaz

Por: Roncuaz

Jonás y Roncuaz
Como el ilustre personaje bíblico que me acompaña en el título, me tocó estar en el vientre de la bestia para ser vomitado sin más ganas que las de nunca volver a verla.
Lo cuento brevemente. En mayo del año pasado a las 6:00 am. en la plaza de armas de Arequipa tuve a mal pasarme una luz roja a 20 kilómetros por hora por la sencilla razón de que no vi en la plaza más alma que la mía y me equivoqué porque al doblar a la izquierda por el portal de la Municipalidad, el alma de una señorita policía tuvo a bien detenerme para colocarme una multa por maniobra temeraria y desacato a las señales de tránsito que ascendía a no sé qué porcentaje de una UIT, pero que por tener yo cara de profe me iba a poner una más baja, que si pagaba en seis días era la décima parte. Agradecí no sin antes expresarle mi extrañeza por la detención que yo juzgaba extravagante e insólita, pero como la señorita puso cara de ofendida, temí que interpretara mis palabras como una falta de respeto y se complicaran más las cosas, así que calladito me retiré, después de agradecerle la lección de civismo que me había dado y tan temprano.
Listo. Con este episodio ya olvidado y perdonado fui, un año después, a revalidar mi brevete y, con la ayuda de una tramitadora, una de esas heroicas personas a pruebas de desencantos y malos tratos que logran sortear, sonriendo, todo tipo de obstáculos en el aparato digestivo de los ministerios, llegué a la parte final del trámite. Ya veía la luz, ya casi respiraba el aire fresco de la libertad, cuando escuché las fatídicas palabras que dan lugar a este lamentable y lamentoso post: “tiene un multa que no ha pagado, está en el sistema”.
Sistema, sistema, sistema… la malvada palabra me iba resonando con cada latido de las venas de mi adolorida cabeza mientras iba a la municipalidad de Arequipa, la bestia negra, la gran ballena que me tendría en su vientre por tres días ¿Explico? ¿Cuento? No, para qué. Síntesis apretada. La Municipalidad cobra pero el Ministerio es el responsable. El Ministerio de Transportes no registró la multa pagada en la Municipalidad y eso quedó en el sistema.
Me lo explicó cada empleado al que acudí después de quitarme el recibo pagado de las manos y leerlo, cuando yo ya lo sabía de memoria; es más, me lo explicaba como si yo no entendiera; es más, me lo explicaba a mí después de que yo se lo había explicado a él dos o tres veces; es más, me miraba como si yo fuera el que no entendiera con tanta conmiseración que al final, efectivamente, no entendía ni lo que no entendía yo mismo.
Cuando ya comenzaba a sentir que en realidad me había muerto y estaba condenado por mis pecados al más cruel y absurdo de los infiernos, una señorita se compadeció de mí, tomó una vez más, una más, el papel que yo tenía en la mano, tecleó algo en su compu y me dijo: “listo, mañana a partir de las diez ya no estará su multa en el sistema”.
Salí de allí como uno de esos secuestrados que por haber sufrido una aguda y violenta suspensión de su vida normal no sabe qué hacer con su tiempo ni a dónde va hasta que llegué a mi oficina. Me senté largo rato mirando al vacío. Mi mundo emocional estaba en blanco, mi cabeza tenía un zumbido eléctrico, mis ojos no se enfocaban en nada hasta que pude recordar el siguiente pensamiento que repito como un mantra, una venganza y un conjuro que espero me mantenga alejado de municipalidades y ministerios hasta el próximo trámite inevitable, porque, lo sé bien, este es un valle de lágrimas: “la burocracia es el arte de hacer difícil lo fácil por medio de lo inútil”.

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