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La honestidad y la buena voluntad no bastan

Por: Francisco Málaga

La honestidad y la buena voluntad no bastan

¿Por qué los gobiernos intentan solucionar algunos problemas, brindar soluciones “parche” a otros e ignoran el resto?, sin que dicha elección parezca responder a su importancia y urgencia.

Lo respuesta más común es atribuir este actuar a que las autoridades tienen intereses oscuros en diversas materias, y por ello no desean afrontarlas ni solucionarlas, pues de alguna forma sacarían provecho en su subsistencia; ello debe ser cierto en muchos casos, pero existirían otros motivos para no atender debidamente a determinados problemas, nos referimos a circunstancias que tendrían que ver con la forma misma en que razonan y/o funcionan políticos y gobiernos. Es decir, no bastaría con un gobierno honesto y decidido para lograr resolver los problemas, pero a la concurrencia de otras circunstancias.

Brindaremos la teoría de Kingdon sobre estas “otras” circunstancias.

Pongamos un ejemplo: “Las invasiones”. Para fines didácticos de este artículo, vamos a suponer que no existen intereses económicos o políticos en permitir las invasiones en la ciudad. Si eso fuere así, ¿este problema sería solucionado sin más?

En el supuesto escenario sobre las invasiones, si el gobierno funcionará como un vecino honesto y convencido, este identificaría el problema, luego pensaría en las posibles soluciones, seleccionaría la de mejor aplicación y finalmente la ejecutaría. No demoraría lustros ni décadas en reaccionar, ni actuaría contradictoriamente.

Pero los gobiernos se toman mucho tiempo, y además avanzan, se detienen y retroceden en sus actuaciones. Esto se debería a que requieren de “3 cuerdas” independientes en las que basarían su decisión de actuar o no sobre determinada materia: El problema(1), La solución(2), y La oportunidad política(3); y solo si en determinado tema –digamos las invasiones- se desarrollan correctamente estas 3 cuerdas, y se engarzan en un momento específico y propicio, el gobierno afrontaría y buscaría darle efectiva solución. No sería entonces, solo cuestión de honestidad y voluntad.

 

Apliquemos la teoría al caso de las invasiones, cuerda por cuerda:

En Arequipa no tenemos este problema(1) bien definido. No existe un mínimo consenso de que las invasiones sean realmente un problema a resolver, puesto que para muchos es un derecho que se disponga del territorio libremente por una suerte de justicia o reivindicación histórica, otros tantos piensan que el problema es realmente la falta de programas de vivienda, etc., por ello aún no se ha llegado a definir a los responsables, y tampoco se ha establecido el enfoque para enfrentar este problema: ¿es uno ambiental, de salud, de riesgos naturales, de falta de dominio del territorio, de incumplimiento de la ley, cuestión urbanística, de identidad de la ciudad, de calidad de vida….? Estas carencias conceptuales constituyen una gran dificultad para que los gobernantes decidan enfrentar las invasiones, si el gobierno no cuenta con ello, “no siente” que el problema es realmente un problema que debe afrontar, sino que es simplemente una “situación” con la cual convivir o que debe palear de alguna forma, puesto que el costo –político- sería muy grande, razón por la cual optará por intentar dar solución a otros problemas que sean más claros y seguros de enfrentar. Ningún gobierno se quiere hacerse cargo de una indefinida, peligrosa y no políticamente remunerativa “papa caliente”.

Tampoco contamos con las soluciones(2) definidas y claras. Tenemos decenas de técnicos, políticos e interesados que nos presentan muchas formas de solucionar el problema de las invasiones: reubicar, construir vivienda de alta densidad a todos los invasores o solo a algunos, desalojar sin más, consolidarles total o parcialmente… en fin, no hemos podido elaborar como ciudad una solución a aplicar al problema. Las soluciones son elaboradas en gran medida por los técnicos, y deben exponerse y debatirse para llegar a la mejor y más viable. Si el gobierno no encuentra una solución con el suficiente respaldo técnico y legal, no va a decidirse a enfrentar el problema, por más definido, medido y enfocado que esté. Ningún gobierno va a enfrentar una situación contra la cual no tiene lista “la cura” a ser aplicada; no va a correr el riesgo político de iniciar un proceso que puede naufragar o con bajas probabilidades de éxito.

Finalmente, tampoco hemos tenido o en todo caso aprovechado la oportunidad política(3)  favorable para poder dar solución a las invasiones, nos referimos a esas circunstancias como son el cambio de humor o animo social que puede favorecer la ordenación de la urbe; el cambio de alcalde, regidores, gobernador y/o consejeros; o esos otros instantes en que grupos como la prensa, por ejemplo, han realizado cobertura de las invasiones y existe la oportunidad política de aprovechar ello e ir sobre sus mafias. Ningún gobierno va a enfrentar un problema cuando no tiene de su lado el “timing político”.

La idea es que lograr desarrollar cada una de estas cuerdas no es fácil, y más complicado aún es hacerlas coincidir, veamos un tanto este último proceso…

Juntando exitosamente las tres cuerdas

Mientras que los individuos realizamos un proceso secuencial: primero identificamos un problema, luego buscamos la solución y al final la aplicamos; en el mundo de las decisiones políticas se requeriría espontaneidad, ya que las “3 cuerdas” –problemas(1),  soluciones(2)  y oportunidades políticas(3)- se deben alinear al unísono. Pondremos un ejemplo: Si contamos con la oportunidad política de desalojar a los invasores pero no contamos en ese mismo momento con las herramientas técnico/legales y con una amplia base social que comparta a tal fenómeno urbano como un problema de determinada naturaleza, fracasaremos en solucionarle, ya que mientras desarrollamos las herramientas y definimos cómo tratar el problema, la oportunidad política se habría esfumado y con ella la solución; es decir, la política es de momentos, el gobierno debe tener las 3 “cuerdas” listas y a la espera que se dé su triple coordinación; cuando ello se da, se abre la llamada “ventana de oportunidad”, que es cuando se puede afrontar y solucionar el problema.

Pero lo realmente complicado por indomable es que los problemas(1), las soluciones(2) y las oportunidad políticas(3) aparecen, se crean, mutan y desaparecen cada una con vida propia y sin un orden cronológico o secuencial, lo que hace que las llamadas “ventanas de oportunidad” sean escazas y de corta duración, por lo que no es fácil tener las 3 cuerdas listas en el momento indicado, y más aún, siquiera darse cuenta de que eso ha acontecido. Por ejemplo: Si fuéramos un alcalde decidido en solucionar las invasiones, el momento adecuado para ello sería cuando simultáneamente: (1)el problema y su enfoque tengan amplia aceptación en la jurisdicción conforme a nuestros planes, (2)exista a la mano una solución consistente con nuestras metas y (3) contemos en la ciudad con un ánimo ciudadano y/o político a favor de ordenar la ocupación del territorio. Y nadie, por más poderoso que sea puede hacer y deshacer de  las 3 cuerdas, pues cada una de ellas depende de varios actores –sociedad civil, prensa, tecnología, técnicos de la localidad, políticos rivales, grupos de interés, presupuesto disponible, fortaleza del gobernante, posibilidad de resistencia de los afectados, etc.- esto hace sumamente complicado y hasta azaroso poder tener listas y sincronizadas las 3 cuerdas, y poder solucionar los problemas; en este contexto, gobernar no sería tanto manejar, como hacer lo que uno puede y le dejen hacer.

Conclusión

No basta con la honestidad ni la firme decisión para solucionar un problema –aunque son imprescindibles-, puesto que el proceso por el cual los gobiernos deciden y pueden enfrentar y dar solución a los problemas públicos no es tan simple, previsible y manejable como el que realizamos cada uno de nosotros ante un problema individual. El gobernar es complejo por la cantidad de factores externos, intereses cruzados y actores.

Ello explicaría por qué los gobernantes, las más de las veces, no afrontan los problemas que quieren, pero los que pueden, según la oportunidad política que se les presente, y su mayor virtud constaría en poder echar mano de los mejores problemas y soluciones, disponibles y desarrollados con anticipación por otros, que les permitan actuar exitosamente en esas batallas “posibles”.

Si las decisiones políticas sobre qué temas afrontar y dar solución se dan de esta forma, también se entendería por qué tantas veces los gobiernos postergan o aplican soluciones mediocres a problemas serios, mientras se avocan a materias menos relevantes y/o urgentes, pero “solucionables” a menor riesgo.

Ante tal posible escenario, quizá los ciudadanos e instituciones deberían trabajar en tener listas las definiciones de los problemas más importantes y sus soluciones, y aguardar pacientemente a que se dé la oportunidad política para afrontar y solucionar cada uno, y en ese momento convencer a la autoridad de que ha llegado el tiempo de tal materia y brindarle las herramientas ya desarrolladas. Valga decir que estas oportunidades políticas son también factibles de ser generadas, por ejemplo, al apoyar a  un candidato compatible con ciertas iniciativas o colocando en el ojo público ciertos problemas y soluciones sobre otros.


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