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La marcha: naranja y rojo

Por: Roncuaz  roncuaz


 

La marcha: naranja y rojo

La marcha es según se dice para deplorar la disolución de un congreso (paupérrimo y por lo visto con una tradición de ineptitud que llega hasta nuestros días) un 5 de abril de 1992. Disolución que dicho sea de paso no encontró ni la milésima parte de la oposición que hoy se ostenta con orgullo, con pasión y arrojo, justamente cuando “il nemico non c´é”, cuando el malvado está preso, como burlarse de un león enjaulado o reírse de un huracán que pasó hace varios años. En síntesis: gala de un coraje inexistente y un muy bien concertado oportunismo político. Mala suerte de Keiko que las elecciones cayeran en abril, porque es verdad de recontraperogrullo que la marcha es contra ella, contra lo que representa para algunos sectores con bastante tribuna: la sombra de su padre, la corrupción que sólo pudimos ver en los vladivideos, la lucha contra el terrorismo y la omnipresencia del SIN, la brutalidad del manejo de los medios para atontar a la gente con psicosociales, cómicos ambulantes y vírgenes que lloran. Y sí, ella es hija de su papá, no se ha desligado ni parece poder hacerlo, mientras en muchos pueblos alejados cada vez que toman el agua o prenden la luz, el caño y el interruptor dicen Fuji. Es el famoso y aparentemente inamovible 30%.

Fuente: Peru.com
Fuente: Peru.com

Los marchantes son héroes de papel, de discurso fácil y “slogan pedrada”. Uno de ellos es el presidente mismo que se suma a la marcha y la apoya arguyendo que deplora la disolución del congreso en el 92 y la candidatura que hoy la representa tanto como el retroceso que encarna la izquierda recalcitrante y enemiga de las inversiones y fiel a su estilo de indeciso impenitente prefiere el medio, el lugar tibio.

¿Sumará o restará para Keiko? Dos posibilidades: o el victimismo clásico de nuestra psicología nacional nos convierte a la pobre chinita atacada por todos en la justa depositaria de nuestro voto consuelo o efectivamente la población es una mayoría que volverá a resistir que llegue al poder. Sólo hay dos colores hoy en el Perú: el naranja y el rojo, pero recuerden que con la gran cantidad de votantes con psicología de amarillos que somos, el rojo se vuelve fácilmente naranja. Lo veremos el domingo.


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