La voluntad del pueblo

Por: Gabriel Hinojosa


La voluntad del pueblo

Lo que el pueblo no quiere

Las elecciones presidenciales y congresales que los peruanos llevamos a cabo cada 5 años son la expresión mas patente y dramática del ejercicio de nuestra democracia. Si bien en un mundo ideal tendríamos más mecanismos cotidianos para que los ciudadanos podamos influenciar más directamente el rumbo de nuestra propia nación (en lugar de permitir que unas élites decidan por uno), elegir con nuestro voto quién es el que debe gobernar el país es crucial para hacer prevalecer la voluntad popular.

La voluntad del pueblo puede ser rotunda y clara a favor de una causa o de una persona. Puede, en teoría, expresarse en una arrasadora victoria de un candidato presidencial, ya sea en primera o en segunda vuelta, ante una propuesta con la que uno puede identificarse y que a uno le de ciertas esperanzas sobre el futuro de su país. Sin embargo, si algo nos han enseñado las elecciones de nuestra historia reciente, es que en un país de tantos contrastes, el pueblo no siempre se pone de acuerdo en qué es lo que quiere.

Pero la voluntad del pueblo no tiene que ser siempre un deseo en positivo. El pueblo bien puede estar dividido en cuanto a las opciones que tiene en frente, pero al mismo tiempo puede estar muy de acuerdo en qué cosa no quiere para sí. Nos pasó el 2006 cuando el temor de un Humala allegado al autoritarismo de Chávez nos hizo votar por un malo –pésimo– conocido en la forma de Alan García.

Y nos pasó en 2011 y 2016 cuando un mismo Perú, con el sólo afán de evitar que el fujimorismo vuelva a hacerse del poder, eligió primero a la izquierda, a ese mismo Humala que nos daba pavor cinco años atrás; y luego hace solo unos meses elegimos a alguien totalmente opuesto: Pedro Pablo Kuczynski, el tecnócrata de derecha. Nos fuimos a los dos extremos del espectro político por evitar a Keiko Fujimori.

Que las últimas semanas algunos personajes del fujimorismo y del APRA, hayan puesto sobre la mesa la posibilidad de ´relajar´ las condiciones para que ya no sea necesaria la mayoría absoluta para elegir al presidente resalta una vez mas el ciego afán de estos por capturar el poder a como dé lugar y a todo el resto nos llena de justa indignación. Ya no sería la mayoría el escoge al presidente, sino la minoría mas grande. Una medida así, solo favorece posturas extremas de seguidores acérrimos y fanatizados de candidatos con mucho anti-voto.

 

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Lo que el pueblo quiere

Es verdad que el sistema electoral actual no es en absoluto perfecto. El tema de que la decisión final se dé solo entre dos candidatos en segunda vuelta, hace que a veces votemos en primera no por quien más nos convence como potencial presidente, sino quien pueda resultar un buen contendor. Resulta que ambos ‘vicios’, por un lado el ‘voto en contra’ y por otro el ‘voto práctico’ pueden de cierta forma atenuarse aplicando el sistema electoral de Voto Alternativo o Segunda Vuelta Instantánea (instant-runoff). Según Wikipedia: 

Es un sistema electoral que sirve para elegir a un único ganador por mayoría absoluta de entre más de dos posibles candidatos. Se trata de un sistema de votación preferencial, en el cual el votante no se limita a marcar un solo candidato en la papeleta, sino que puede ordenar a varios candidatos de acuerdo con sus preferencias, de más preferido a menos preferido (numerándolos 1, 2, 3,… tal y como puede verse en la imagen de la derecha).

Al realizarse el escrutinio, inicialmente se cuentan solo las primeras preferencias de los votantes. Si un candidato obtiene entonces más de la mitad de los votos (es decir, mayoría absoluta), ese candidato es proclamado vencedor. Si por el contrario ningún candidato ha obtenido mayoría absoluta, se produce entonces la segunda vuelta instantánea: se elimina al candidato con menos apoyos y se recuentan sus votos, pero asignándose ahora a las segundas preferencias marcadas en esas papeletas. Este proceso se repite hasta que un candidato gane obteniendo la mayoría absoluta de los votos

Un video de CGP Grey lo ilustra de manera didáctica, aunque en inglés:

En un sistema así, además de la optimización de tiempo, logística y recursos que significaría el acudir a las urnas una sola vez en lugar de dos, se propicia un mayor sinceramiento de la voluntad popular. Al verse con la posibilidad de manifestar desde el inicio su segunda, tercera o cuarta opción, en el caso en que su candidato preferido no resulte favorecido, le da al elector la confianza de poder expresar su voluntad de manera más auténtica, con menos temor, menos maquinaciones.

En 2011 el voto de quienes queríamos un gobierno técnico y de derecha se dividió entre PPK y Toledo, y no es difícil imaginar que la segunda opción de los simpatizantes de uno hubiera ido para el otro, lo que hubiera dado mejores posibilidades frente a dos opciones con fuerte anti-voto como lo eran Fujimori y Humala, de haberse aplicado un sistema de voto alternativo. En las últimas elecciones, Barnechea logró generar una importante intención de voto unas semanas antes de la primera vuelta, la cual se diluyó al final ante el temor de muchos por el avance de la izquierda de Mendoza; el voto alternativo hubiera reflejado el sentir popular de manera más clara, aún con resultados posiblemente similares.

Lo que el pueblo merece

Lo que quiero decir es, si vamos a plantear reformas electorales, estas deben ir en la línea de reflejar más acertadamente la voluntad de todos los peruanos, no de diluir la estructura para que salga elegido con mayor facilidad alguien que el electorado –en su mayoría- ha manifestado no querer, de manera rotunda y en dos oportunidades.

La enorme y absoluta mayoría que ha logrado el fujimorismo en el Congreso (de la cual ha sabido colgarse un sector del aprismo) es resultado de otra imperfección del sistema electoral actual que le ha dado 56% de los escaños con sólo el 36% de los votos válidos (para lo cual se podrían ensayar otras reformas como la ampliación de las regiones/distritos electorales y la aplicación del Voto Único Transferible, pero eso es otro tema), que les ha favorecido con un poder de cierta forma inmerecido, por el cual deberían mostrar gratitud y humildad con un pueblo que, en su mayoría no los quería ahí, pero al cual le deben todo, en especial el más desinteresado servicio.

Lejos de poner trabas, de tomar actitudes soberbias y de intentar imponer condiciones avasalladoras a un Ejecutivo que busca el diálogo, y busca facultadas para aplicar el modelo que el pueblo finalmente escogió para estos cinco años, este Congreso que por desventura le ‘pertenece’ al fujimorismo debería tender puentes y abrir las puertas a las reformas económicas y a favor de la lucha contra la corrupción y el narcotráfico. Deberían ocuparse por lo que pasa aquí y ahora en el Perú, y no estar pensando en cómo hacerse del gobierno el 2021 (y la estrategia parece ser no dejar que el gobierno actual haga un buen trabajo, y cambiar las reglas de juego para que su candidato gane a toda costa).

Velásquez Quesquén dijo que “en la segunda vuelta hubo algo que no puede volver a pasar. Hubo un voto contra una candidata y no un voto de respaldo a la propuesta de un candidato”. Yo opino que es algo que debería pasar tantas veces como el electorado lo crea necesario. Si el pueblo sabe qué cosa no quiere para su futuro, tiene todo el derecho de expresarlo. Lo que no puede pasar es que algún interés egoísta o algún artificio legal de quienes hoy dictan las leyes, pretenda interponerse ante la voluntad del pueblo, ni ahora, ni en el 2021, ni nunca.


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