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Las combis no tienen la culpa

Por: Francisco Málaga Palao

Las combis no tienen la culpa

Los conductores de combis y cousters hacen lo que quieren con rutas, unidades, pasajes, asientos, horarios, frecuencias, forma de manejo, paraderos y el trato a los pasajeros; mientras la municipalidad de Arequipa -la autoridad encargada de velar por el transporte en la ciudad- si es que no colabora de alguna forma con esta realidad, la permite. Y no caigamos en la complaciente fantasía que hacer pasos a nivel y detener 5 combis al día es ordenar el transporte y salvaguardar la vida de los pasajeros, si así fuera, la situación hubiera mejorado en algo los últimos 10 años, sin embargo el transporte público –e incluso el privado- solo ha empeorado.

La mejora del transporte público de la ciudad pasará –por su propia naturaleza y como dicta la disciplina que estudia las decisiones públicas- por regular vía negociación a los transportistas –los que previsiblemente la resistirán-, solo ello permitirá que los vecinos de Arequipa puedan recibir un servicio de transporte público mínimamente seguro, sano, puntual, cómodo y con rutas, horarios y pasajes previsibles. Un simple ejemplo del transporte insanamente desregulado que vivimos: ¡Una cocina Surge a quién me explique qué quiere decir ese pasaje “entero” o “unitario” a 1.50 o 2.00 soles que consta en las lunas de muchas combis y cousters!, ¿alguien lo paga?, ¿es para atemorizar?, ¿es una especie de UIT de donde derivan porcentualmente los pasajes que nos cobran?, ¿tiene sentido?, ¡Por Dios, pero si no sabemos ni el concepto ni el monto certero del pasaje!, y eso no es caos, es un tipo de orden, un orden que se impone cuando el “control” del transporte lo tiene quien lo brinda y de él vive –y se lo permiten-, este orden informal solo beneficia a quien lo maneja: los transportistas, y previsiblemente a la autoridad que lo apaña y co-dirige tras bastidores; porque solo los incautos creerían que nuestras autoridades son “sanamente” rebasadas por los gremios de transportistas y no maneja sus propios intereses.

La pregunta es ahora, ¿quién podría y debería regular a los transportistas?, aquí las opciones:

  1. a) El libre mercado, b) la municipalidad provincial de Arequipa o c) Los actores de la sociedad civil

La opción a) lleva más de 20 años empeorando el transporte, la opción b) lleva 9 años de “intentar” implementar sin éxito un proyecto llamado SIT que debió resolver el problema del transporte hace 5 años y por ello constituye un fracaso, consecuencia de su manejo como herramienta electoral y no como solución al problema; y la opción c) está ocupada en los intereses particulares de cada asociación, gremio o agrupación, tales como lotizar la ciudad, exigir agua y asfalto para sus asociados –que usualmente de forma previa lotizaron la ciudad- o construyendo clubes y generando beneficios exclusivamente para sus socios –en el caso de los colegios profesionales por ejemplo. Por ello, podemos decir con certeza que realmente a nadie le importa la seguridad y calidad de vida de los 700,000 usuarios de transporte público de nuestra ciudad.

Redondeando: El hecho que ni a la municipalidad provincial de Arequipa, ni a los actores de la ciudad les interese decididamente hacer primar el interés o bien común en el transporte público ante los intereses particulares de los transportistas es lo que ha hecho posible que no más de 25,000 transportistas en defensa de sus beneficios e intereses pongan en peligro cada santo día la vida e integridad de los vecinos arequipeños.

Lo normal en una ciudad medianamente ordenada y seriamente representada sería que su gobierno con las competencias y funciones para regular el transporte urbano de pasajeros –la municipalidad provincial de Arequipa en nuestro caso- en alianza con los actores civiles de la ciudad se pongan de acuerdo y se respalden mutuamente en una rigurosa negociación con los transportistas públicos de la urbe, por la cual se llegue a una nueva normativa -regulación-  y se logre la consecuente mejora en el  servicio de transporte público, el que se caracterizaría por su seguridad y orden; y por favor no erremos en pensar que cambiar combis por cousters pero manteniendo a las mismas empresas, conductores y sistema es el camino, puesto que con ello solo lograremos la misma cantidad de atropellados y lesionados, pero por vehículos mayores. Y este es el escenario que parece venir por lo que se ve en las calles y se lee en las noticias.

En esta supuesta y necesaria negociación y posterior ordenamiento del transporte no primaría la exclusión a todos los transportistas ni la lógica del castigo, pero la justicia, es decir, que el transportista que se comprometa y brinde un servicio ajustado a lo acordado sea respetado y ayudado por la autoridad y los actores sociales de la ciudad, quedando excluidos del servicio aquellos transportistas que se niegan a cumplir las nuevas condiciones negociadas.

En conclusión:

  1. La mejora del transporte público no vendrá del mercado ni de los transportistas; y por ende la responsabilidad que Arequipa sufra de un transporte público peligroso y de pésima calidad es de la municipalidad provincial -comenzando por su alcalde y cuerpo de regidores-, seguida de las pasivas municipalidades distritales, continuando por los egoístas actores sociales de la ciudad y finalmente por los quejosos pero irresolutos vecinos; quienes –todos- parecen tener mejores intereses que trabajar en proteger la vida e integridad de los cientos de miles de peatones y pasajeros -niños y ancianos incluidos.
  2. El ordenamiento del transporte requiere de un comprometido liderazgo municipal y el respaldo de la sociedad civil organizada, y en falta del primero, de un auto regulado liderazgo de los segundos; para de una u otra forma negociar y regular la reforma transporte urbano, porque es vano pensar que el cambio vendrá por la sola existencia e imposición de una ley, ordenanza o un proyecto como el SIT, por más presupuesto que tuviese.
  3. Por lo dicho, Arequipa no sufre este transporte público por culpa de los transportistas ni el modelo del transporte público “neoliberal fujimorista” –cantaleta de no pocos desde hace 25 años-, pero por sus propias autoridades elegidas, sus propias instituciones sociales y sus propios vecinos; entonces los arequipeños tenemos el transporte público que nos merecemos: uno que causa decenas de muertos y centenas de lesionados de por vida por año, entre otras “maravillas”.


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