Las elecciones del miedo

Por: Nicolás Alarcón


 

Las elecciones del miedo

Fui niño en un país conducido por el miedo. Las historias de mis padres, de las que estoy muy agradecido, eran historias de miedo. Miedo a esas largas colas para adquirir productos básicos, miedo a esos ahorros que papá Estado les quitó valor, miedo a esas llamadas de Lima que podían anunciar la muerte de un ser querido, miedo a un cinco de abril o a un 3 de octubre, miedo a una violencia que nos había arrebatado el país. Dentro de todo, nos las ingeniamos para salir adelante. Llegué a la adolescencia y en el país ya se hablaba de “democracia” – esa palabra que suena hoy como un golpe en la mesa -, de crecimiento económico, de emprendimiento, de oportunidades, del mundo. De pronto, el Perú donde nos tocaba vivir era de nuevo nuestro. Pero el miedo, el miedo no se había ido.

Fuente: Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)
Fuente: Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)

Ingreso a mi Facebook y todo lo que veo es miedo. El miedo a la dictadura, el miedo al chavismo, el miedo a las iniciativas privadas amparadas por la corrupción, el miedo a perder nuestro país, el miedo a tener que elegir entre más de lo mismo. Y el miedo describe muy bien estas elecciones, las elecciones de las marchas de memoria selectiva, las elecciones de la guerra sucia, las elecciones de la guerra propagandística, las elecciones de los intereses desconocidos y la ‘mano oscura’ detrás de las encuestas. No me malinterpreten, probablemente el miedo siempre esté presente pero hoy, parece alimentarse de la ignorancia de todos los peruanos y eso no debiésemos permitirlo.

 

Consecuencia de ello es que mañana cuando miles de peruanos acudan a las urnas votarán (o no votarán) por la caricatura de un candidato, parodia que hemos creado a base de miedo. Esa caricatura que pinta a Keiko como un horrocrux de su padre, a Veronika como la hija predilecta de Abimael y a Pedro Pablo como el viejito de los cereales americanos que quiere entregarnos a gringolandia. ¿Y qué hay de sus ideas? ¿Qué hay de sus planes de gobierno? ¿Qué hay de su proyecto de país? . Hemos vivido una campaña donde las propuestas pareciesen ser la última rueda del coche, y ni qué decir de las propuestas de los congresistas, un debate prácticamente olvidado. Y sin embargo, aun nos escandalizamos cuando de fuera nos llaman una “semi-democracia”, aunque sea cuestionable de quién venga.

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Fuente: TV Perú

 

Aquí mi pequeña contribución. A mis padres la simple idea de iniciar un negocio propio, de emprender un viaje fuera del país, de salir a las calles sin pensar que te pueden explosionar una bomba, de sentarse a hablar de democracia sin que nadie te censure, eran ideas de un país imaginado. Ese país imaginado se fue construyendo de la mano de un modelo que recogió la Constitución del 93, le duela a quien le duela. Un modelo que ha tenido falencias que necesitan ser corregidas, un modelo que nos debe acostumbrar menos al Estado, un modelo que requiere una mejor tutela de los intereses nacionales pero un modelo, que dentro de todo, ha traído innegablemente progreso. Mi voto de mañana es por ese modelo, por ese progreso para todos los peruanos y por mis libertades más fundamentales que merecen ser respetadas – desde el derecho a la vida en todas su etapas hasta el derecho a la libertad de empresa. No les miento, mañana inevitablemente iré a votar con miedo, miedo a esas ideas fallidas del pasado que regresan a robarnos de nuevo el país, miedo a esas fórmulas radicales que prometen pero destruyen, miedo a esos personajes que tienen deudas de pobreza y atraso con todos los peruanos, miedo a esas ideas que quieren hacer reingeniería social, miedo a esos cuadros congresales que defienden la violencia más deplorable que nos arrebató miles de vidas y aquellos que simplemente no representan nada sino propuestas vacías de ideas y repletas de ansias de poder. Sin embargo, y cuando el voto supera la caricatura y se funda en las propuestas, también iré a votar con esperanza, esperanza en un país que necesita reformas que realmente lo hagan crecer y no experimentos fallidos que salgan del bolsillo de todos los peruanos, un país que no merece una vuelta a sus días más oscuros, un país donde se respete el esfuerzo de cada peruano y donde el Estado no quiera asumir competencias que no le corresponden, un país donde los derechos sean derechos y no creaciones emotivas de papá Estado, un país que merece reconciliación.

 

Entiéndase lo que deba entenderse.


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