Las reglas del estudiante universitario

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Por: Joan O´Brien

Las reglas del estudiante universitario

El mejor consejo cuando cursas la universidad, es que aproveches esta etapa tanto como puedas. Que sea un momento en tu vida de profundo estudio, de formación personal y de adquisición de valioso conocimiento. La etapa universitaria no puede ser la mera conquista de un título profesional, debe ser el amor por el conocimiento, el amor por la verdad.

Para encaminarnos como buenos estudiantes, que se encuentren apasionados por su profesión y por constituirse como hombres de provecho, es necesario ser constantes en nuestra voluntad de serlo. Pero podemos también reflexionar y adquirir una base según las reglas que nos expuso San Bernardino de Siena, las mismas que no se han devaluado con el paso del tiempo. Las siete reglas deben aplicarse en armonía y de manera conjunta para que aprovechemos esta etapa de la mejor manera posible.

La primera de las reglas es el aprecio, que se vincula a la vocación[1]. Si queremos plantearlo en la actualidad estudiantil, podemos ver que muchos de nosotros, cada vez en mayor cantidad, estudia una carrera universitaria por la exigencia de tener un título, un “cartón” como le llaman en mi país, que hace de prerrequisito para obtener un trabajo, probablemente ya no nos fijemos en que es lo que nos apasiona realmente y caigamos en una de esas carreras de gran demanda que te asegura una estabilidad económica posterior.

Como segundo punto, la primera regla, explica que debemos apreciar el conocimiento por su calidad y no por si cantidad; veo muy seguido el cómo nos preocupamos por abarcar la mayor cantidad de conocimientos posible, creyendo que eso nos salvará de un examen o debate, pero también pudo dar cuenta de que es mucho más útil si tenemos un conocimiento más reducido pero el cual si dominemos, digo todo esto sin perjuicio de que con esfuerzo y dedicación sea posible alcanzar gran cantidad de conocimiento de calidad. Además de ello, sí es que no llegamos a la universidad gustosos de estudiar, en tal caso, es un gusto que debemos adquirir. Muchos estudiantes se sienten torturados a lo largo de la carrera, fatigados ciclo tras ciclo porque les desagrada muchísimo estudiar y dedicarse a ello. Amar el conocimiento y el esfuerzo que conlleva éste, es sin duda la clave para que disfrutemos nuestra etapa universitaria; pero esta clave no solo es propia de esta etapa, sino que debe ser nuestro estímulo diario después de acabada nuestra carrera, no podemos abandonar la búsqueda de conocimiento después de obtenido un título.

Algo que no debemos dejar pasar es que para amar el conocimiento, la verdad, debemos amar la lectura, es necesario que el estudiante se entregue a obtener conocimiento a través de los libros y no está de más decir que deben ser los libros adecuados, aquellos que nos llevarán a toda clase de conocimiento útil y valioso en nuestra vida. En la universidad he visto frecuentemente como muchos de nosotros recurrimos a las fuentes que nos parecen más fáciles y rápidas de entender, por ejemplo resúmenes de resúmenes que probablemente no tengan autor conocido, que libros de reconocidos autores. Lo que debemos tener en cuenta es que aunque tomará mayor cantidad de tiempo dedicarnos a un buen libro y a su autor, nada será más beneficioso para nosotros que eso, porque nos enfrentaremos al conocimiento de manera limpia y sin ninguna clase de interpretación más allá que la nuestra. Creo que todos hemos escuchado la frase de que el estudiante de hoy, quiere todo el conocimiento masticado y listo para digerir, bueno es responsabilidad de todos revelarnos contra esa realidad y convertirnos en verdaderos estudiantes, capaces de enfrentarnos a cualquier libro.

Un punto más a resaltar de esta regla es el del diálogo, son más frecuentes los trabajos que debemos realizar en grupo y no es fácil enfrentarnos a distintas ideas y temperamentos, pero aunque al inicio era enemiga de esta técnica de trabajo en clase, veo hoy en que es la herramienta idónea tanto para entrenar nuestro respeto hacia los demás, como para aprender a organizar nuestras ideas de manera tal que sean comprensibles para todos los demás.

Para terminar con esta regla se nos presenta el ver al estudio mayoritariamente como un deber y no como un derecho, ya que de esta manera nos comprometeremos más con la lavor que estamos realizando. Estudiar una carrera universitaria es una gran posibilidad a la que no muchos pueden acceder y debemos valorarla como tal, de manera que le saquemos todo el provecho posible.

La separación es la segunda regla, en esta vemos que como estudiantes debemos separar cada una de nuestras actividades y darle a todas las cosas un especio y un lugar. Son muchas las distracciones por las que nos veremos afectados mientras nos encontramos estudiando. Para que nuestro estudio sea más eficaz y productivo, debemos dedicarle un espacio y lugar único. A través de los años que he estado en la universidad, he podido comprobar que los espacio que destina esta para el estudio son los más adecuados que los que tenemos en casa y la razón es que estos espacio tiene un objetivo único, que es el estudiar, cosa que no ocurre en casa donde los ambientes que tenemos a nuestra disposición se les pueden dar usos variados y por tanto es muy probable que nos lleven a la distracción.

La tercera es, la tranquilidad. Es importante que los momentos que dediquemos al estudio sean de calma. Si nos encontramos molestos, tristes o perturbados por algún problema será casi imposible emprender nuestra tarea. Esta es, probablemente, la regla más complicada porque no es sencillo lograr paz interior[2]. Por ejemplo, el separar los problemas familiar de nuestra rutina de estudio, desconcentrarnos de ellos por un momento puede ser muy difícil; pero hay que pensar que el dejar de estudiar o trabajar por esos problemas no presentarán remotamente una solución, más bien nos retrasaremos de nuestras obligaciones.

También tenemos como regla, el orden, yo la veo como el balance que debemos darle a todas aquellas actividades de nuestro día. Es necesario ser responsables con las distribución de nuestro tiempo, ser cuidadosos con esto nos llevará a ser más productivos y a encontrarnos satisfechos, es decir así, que no podemos dedicarle demasiadas horas al ocio cuando nos encontramos a una semana de nuestro exámenes finales o dormir muy poco cuando debemos estar preparados al día siguiente para un jornada de estudios ardua. A todas nuestras actividades debemos asignarlas tiempo según como lo exijan las circunstancias y por su importancia.

La perseverancia es la quinta regla, aquella que necesitamos para mantener nuestra voluntad durante todo el camino. Las cosas que realizamos, por más que las planifiquemos, no siempre saldrán de la manera esperada. Como estudiantes veremos que ante ciertos cursos presentaremos dificultades que debemos combatir con voluntad firme, logrando así superar cualquier problema. No debemos caer en el descuido, ya sea por la soberbia con el cansancio, debemos tener siempre presente que el esforzarnos será la mejor alternativa.

Por otro lado, como sexta regla, tenemos a la discreción. Siendo jóvenes sé que tenemos mucha energía y esperamos poder hacer la mayor cantidad de cosas, es decir, aprovechar nuestro tiempo al máximo. Es mejor dedicarnos con profundidad a cada cosa, lo que requiere inversión de tiempo de nuestra parte. Pero sabremos que aunque estemos haciendo pocas cosas, las estaremos haciendo bien.

La delectación es la última regla propuesta por San Bernandino en 1427 y es para mí la regla estrella, pues es el estudiar con gusto. No hay nada mejor en la universidad, que el estar contento al estudiar, que el esfuerzo no sea un obstáculo o un pesar, sino el camino para lograr lo que tanto ansías, que es el conocimiento. Saber que fruto de tu esfuerzo obtendrás recompensa.

Con esta última regla quiero terminar diciendo, que es maravilloso el disfrutar de cada conocimiento que vamors aprendiendo, te hace sentir muy bien y tranquilo que te convertirás en un gran profesional y sobre todo en una mejor persona. El conocimiento es valioso y hay que arriesgarnos a esforzarnos por conseguirlo.

[1] BERNANDINO MONTEJANO, La Universidad en el siglo XXI, Folia Universitaria, Universidad Autónoma de Guadalajara, Jalisco, México, segunda edición, diciembre de 2000, pág. 18.

[2] Ibídem, pág. 24.


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