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Más allá de la eficiencia y la eficacia

Por Diego Andrés Cáceres Cárdenas

Más allá de la eficiencia y la eficacia

Bonitos recuerdos que nunca olvidaré, recuerdos que de alguna manera ya se encuentran sellados en mi mente, recuerdos indudablemente que contaré con mucha alegría y jubilo. Aún recuerdo con mucha nostalgia aquel marzo, aquel tercer mes del año cuando decidí comenzar mi vida universitaria, al igual que muchos de mis compañeros, estaba realmente emocionado por comenzar esta nueva etapa de mi vida, y de esta manera, poder expandir mis conocimientos, tener experiencias de por vida, conocer nuevas personas y pulir mis habilidades blandas para mi tan anhelada vida profesional.  Como era de esperarse, siempre hay temas que nos llaman la atención y al comienzo de esta emocionante y dinámica carrera nos topamos con un bonito trabalenguas, la eficiencia y la eficacia, un bonito tecnicismo que también es muy usado en carreras como Economía, Ingeniería Industrial, entre otras.

Este peculiar trabalenguas es muy usado en mi carrera, por lo general, los novicios estudiantes tienen que lidiar con estos términos en los primeros cursos. Nuestra labor como administradores, es buscar la eficiencia y la eficacia en cualquier tipo de empresa, sin importar su ámbito, su naturaleza, su origen, su especialización, su campo, etc. Con el transcurrir de la carrera, me di con la grata sorpresa de conocer nuevas herramientas pero algo llamó profundamente mi atención, me sorprendí que el tema de valores, virtudes y principios eran términos muy usados. Para mí fue algo muy raro y tirado de los cabellos, ¿Por qué pensar en valores o principios en actividades netamente económicas? ¿Esto permitirá que las empresas tengan mayor mercado? ¿Eso hará que se incremente el valor de las acciones? ¿Yo como futuro gerente debo gastar tiempo, recursos y neuronas para poner los valores que tiene mi empresa?

Todas estas preguntas rebotaban en mi cabeza y al parecer por mi pasada óptica utilitarista no podía ver más allá, en mi terquedad y necedad propia seguí pensando que estaba en lo correcto y que el poner valores, principios y virtudes solo era un acto meramente hipócrita, es decir, en buen romance era hacer un lavado de cara frente a los “stakeholders”.

Pero felizmente la razón vino a mí y pude entender y reflexionar la verdadera importancia de esto, reducir eficiencia y eficacia a solo tecnicismo hace que caigamos en una lucha desalmada por el resultado (sea de mercado o de rentabilidad) sin importa todo lo que se tenga que destruir o engañar para llegar hasta ahí, y los ejemplos saltan a la vista, ver casos como los de Odebrecht y demás empresas (tanto públicas como privadas) me ayudo a ver una realidad que me negaba a creer. Se toma la bandera de la eficiencia y la eficacia sin importar todo lo que esto implica, caemos en la trampa de reducir estas expresiones, y con el tiempo solo se queda en un tecnicismo ya que no se hace la reflexión necesaria para poder conocer en su totalidad todo lo que abarca dichos términos

¿Pero, las virtudes, valores y principios que tienen que ver con todo esto? Pues bien, si se tiene esto bien definido y claro, es fácil saber lo que realmente estamos dispuestos a hacer para tener eficiencia y eficacia. Las personas que están a cargo de empresas no solo se deben limitar a buscar la eficiencia y la eficacia, su labor debe comenzar desde antes, se debe de partir de valores, principios y virtudes para poder llegar a la eficiencia y a la eficacia, dicho de una manera simple, en palabras de Fernando Savater, en su obra Ética para la empresa, las virtudes tienen una utilidad y son eficaces para la consecuencia de fines y objetivos. Por el contrario, si seguimos en el mismo camino de solo buscar el resultado sin importar nada más, la corrupción seguirá campeando y perfeccionándose con el tiempo, los ejemplos saltan a la vista.

Pero esto no solo se reduce al simple hecho de escribir una visión, misión o código de valores de manera romántica y atractiva, esto se debe plasmar en la práctica del día a día y de realmente entender lo que significa tener valores o virtudes en la empresa. Concuerdo con Manolo Quesada (Responsable económico financiero en el Museo Carmen Thyssen, en Málaga), quién piensa que solo basta estas virtudes para conseguir buenas prácticas empresariales.

Prudencia, rectitud en los actos, ayudaría primero a tener un foco y a no cometer excesos que puedan dañar a otros; Justicia, dar a quien lo que le corresponde, estaría enfocado primero en un aspecto externo e interno. En cuanto a lo externo es retribuir a los agentes (sociedad) todo aquello que nos aporta y con respecto a lo interno, en la promoción de los colaboradores y en la eliminación de las “argollas” que ya están institucionalizadas en cada organización. Fortaleza, ayudaría a tener resiliencia, competencia tan indispensable y vital en el mundo empresarial y por último Templanza, según Quesada (2017), la empresa con templanza es aquella que sabe cuál es su objetivo, lo tiene claro y se deja manipular por oportunidades ficticias.

Según mi óptica, estas virtudes deben estar instauradas en lo más profundo de las empresas (públicas y privadas), esto actuaría como un antídoto para las malas prácticas empresariales y así acabar con la corrupción y la falta de ética, tal vez esté en lo correcto o quizás no.


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