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Masacre en Orlando, tres abominaciones

Por: Gabriel Hinojosa. 1915311_10156526300720246_3416858984016641132_n


Masacre en Orlando, tres abominaciones

Resulta totalmente escalofriante imaginar la escena de la madrugada del domingo en la discoteca Pulse en Orlando, FL. En medio de la oscuridad, el ruido y el terror se extinguieron 50 vidas para siempre a manos de Omar Mateen, quien reivindicara su actuar para ISIS. El atentado, en el que además otras 53 personas resultaron heridas, constituye el tiroteo masivo más mortífero en los Estados Unidos, y el acto de terrorismo más grande desde el fatídico 9/11 en el World Trade Center.

En esta terrible matanza, han confluido tres abominaciones: el terrorismo fundamentalista en nombre de un Dios que debería ser amor, la homofobia llevada al extremo de odio asesino, y la absurda liberalidad en el acceso a armas en Estados Unidos.

La primera, con el rostro del Estado Islámico, que parece avanzar por todo el planeta ante un mundo occidental que no sabe bien qué hacer. Una concepción pre-moderna de las enseñanzas de Mahoma con la absurda premisa que se puede ganar el cielo a punta de odio, y que ha podido trascender las fronteras del Medio Oriente y apelar al nihilismo postmoderno y relativista de algunas personas en Occidente, enfermas de egoísmo y de falta de compasión. Una amenaza para todos los ‘infieles’ del mundo, que cotidianamente asesina cristianos y ante la cual las potencias del mundo se van viendo cada vez más obligadas a actuar.

La segunda responde a un rechazo a la otredad se quienes piensan y viven distinto. Más allá de un desacuerdo intelectual o racional sobre el rumbo de la sociedad, genera un odio personal e insano a seres humanos con el mismo valor y dignidad que cualquier otro. Personas que, en el peor de los casos, podrían estar equivocadas, pero que de ninguna manera pueden ser catalogadas colectivamente con etiquetas de maldad o perversión, al punto de considerar su mera existencia como ofensiva, contraviniendo toda recta escala de valores o doctrina religiosa.

La tercera es ciertamente compleja y más debatible, y desde mi propia óptica como alguien ajeno a la realidad norteamericana, resulta prácticamente obvio que el asunto de la tenencia de armas está fuera de control. Muchos de estos tiroteos masivos ocurren con armas compradas legalmente y la mayoría no ha tenido que ver con el terror, como en Columbine o Virginia Tech. Los derechos emanados de la segunda enmienda a la Constitución americana de portar armas, amparados en la necesidad de conformar una milicia regulada, parecen cada vez más obsoletos en el país con el mayor poder militar del mundo. El argumento de la defensa propia, al menos en estos casos, también pierde fuerza con la noción de que ninguna de estas masacres ha sido detenida por algún civil armado. Siendo el último de los países desarrollados con leyes tan laxas en este aspecto, en que es más fácil obtener y conservar una licencia para portar armas que para manejar un automóvil, se viene a la mente el caso de Australia, que, sumida en una espiral de violencia similar luego de la masacre de Port-Arthur, pudo superarla con un esfuerzo bipartidario de legislación para el desarme.

Si bien las dos primeras de estas abominaciones brotan del mal profundo en el corazón de las personas y son, por naturaleza, mucho más difíciles de sanar y combatir, la tercera es la que las hace posibles y puede cambiarse o atenuarse con una legislación o regulación más estricta. Espero en Dios que los norteamericanos hagan lo correcto y se pongan de acuerdo para entregar las armas, y puedan al fin dejar de matarse entre hermanos. Por mi parte, mi corazón y mis oraciones se unen a las del mundo entero para que las víctimas y las familias puedan tener paz. Una paz que últimamente elude al mundo.

#PrayForOrlando


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