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¿Matrimonio o convivencia?

Por Brenda Alcca

Matrimonio o convivencia ¿qué me conviene?

Y es en el fervor del momento, de la felicidad que nos embarga, de la seguridad del amor que nos profesamos, que llegamos a una disyuntiva de la cual no nos podemos librar, claro sólo cuando el amor es verdadero. Pues es ni más ni menos que el: ¿Y ahora qué sigue? hemos viajado, conozco a sus padres, conoce a los míos, reconozco sus  fortalezas y sus debilidades, juntos celebramos mejores  empleos, gastamos nuestros sueldos juntos pero, ¿y ahora qué?, algunos se  dirán: “Podemos seguir así, está funcionando” y lo harán, pasará un tiempo e inevitablemente volverá aquella pregunta, ¿y ahora qué? claro, nos encontrará un poco más maduros, algo más experimentados. Sin embargo,  en muchos casos todavía no tendremos la respuesta; para qué nos vamos a engañar, a veces dejamos lo más importante para el último momento. ¿Qué nos conviene más?, ¿me arrepentiré alguna vez de lo que decida?, ¿cambiará algo entre nosotros? estas son algunas de  las preguntas que,  tal cual avalancha se nos  vienen a la mente y que en algún momento estaremos obligados a responder.

Matrimonio o convivencia ¿qué me conviene? Empecemos separando el todo en sus partes.

¿Qué es el matrimonio?

Para la Iglesia Católica, el matrimonio es el sacramento que santifica la unión libre e  indisoluble entre un hombre y una mujer, así se les concede la gracia para cumplir fielmente sus deberes de esposos y de padres, manifestando su compromiso eterno y sumisión a la buena voluntad de Dios.

¿Qué es la convivencia?

Se usa la palabra convivientes para referirnos a parejas que viven juntas pero sin haberse casado,  que deberían de estar en la capacidad de poder hacerlo, si así lo quisiesen; hasta entonces comparten un  mismo lecho, pero sin compromisos oficiales.

Ahora que tenemos claros estos dos conceptos vayámonos a las cifras. En el Perú así como en el mundo, cada vez más jóvenes optan por la convivencia, según el INEI  en los últimos 20 años, el porcentaje de convivientes  a nivel nacional ha crecido de 18%  a 37%, se ha doblado en cifras en tan sólo 20 años, pero ¿qué empuja a las personas a optar por la convivencia? según el director del Instituto Nacional de Neuroestimulación  de Lima (INEL), Michael Kabar: “Los jóvenes de esta generación más que en las anteriores, optan por vínculos afectivos fuera del amparo de cualquier institución religiosa o civil, manteniéndose al margen de cualquier papeleo formal; así conciben a la  convivencia como un periodo de prueba por el que tienen que pasar  antes  de decidir casarse, por otra parte, algunos consideran que su vínculo amoroso no necesita  pasar por la iglesia o la municipalidad  para sellarse  y  así conviven de manera indefinida”.

Según éste especialista, el trasfondo de ello está en que estas parejas suelen sentirse más tranquilas porque asocian una posible ruptura con “un proceso de separación menos dramático, en comparación al divorcio”.

Empecemos a reflexionar; los jóvenes optan por la convivencia porque la consideran como un  periodo de prueba, pero ¿probar qué? La compatibilidad. Alguna vez me dijeron: “No conoces a tu pareja hasta que vives con él o ella. Hábitos, costumbres, manías, carácter; te puedes llevar grandes sorpresas”. Dándole vueltas a esta afirmación llegué a la conclusión de que era cierto, algo cambiará de hecho, pero no será un cambio de 360°, en verdad las personas normales no cambian su forma de ser tan drásticamente de la noche a la mañana, a menos de que uno haya vivido enamorado de un ideal, un personaje ficticio y no de la persona real; así mismo me llevó a entender que a la convivencia se llega prácticamente a la defensiva, ambos están con un pie adentro y el otro afuera para emprender la marcha, por si el concubinato no logra funcionar.

 El especialista además, mencionó que se la asocia (a la convivencia) con un proceso de separación menos dramático; algunos plantean este punto como una opción más madura; es decir, si no funciona, el trámite no será muy engorroso, bastará con un: “fue un gusto, adiós”.  Sí,  puede ser práctico pero no maduro, hacer las cosas a medias, planear la retirada antes de haber luchado, no parece digno de asociarlo a lo que llamamos amor verdadero.

Por otro lado, el matrimonio es un voto eterno; el tan sólo imaginar el “Por siempre” resulta  intimidante; será porque vivimos en una época de consumismo, se usa y se desecha; podrá ser así con las cosas (aunque tampoco es nada bueno, créanme el ecosistema lo sufre) pero con las personas debería ser  totalmente diferente, decepcionarnos y sufrir por haber elegido erróneamente no debería ser una constante, para eso existen etapas. El enamoramiento, (Acá es donde  más de uno se equivoca, pero descuiden, suele pasar y es para eso), el noviazgo (es una etapa más seria, es la prueba de fuego, conoce, conoce y  conoce, si lo(a) encontraste bien y si no, pues sigue buscando al amor de tu vida) y el matrimonio (acá el amor es más fuerte que el temor y se siente la necesidad de que éste sea bendecido por Dios).

En fin; desde mi punto de vista el concubinato es el resultado de la inseguridad, la duda, la desconfianza, ya sea de uno mismo, porque no sabemos si estamos listos para ver por alguien más fuera de nosotros, si seremos fieles siempre  o desconfianza del otro, en que si su amor hacia nosotros es verdadero.

Para mí, optar libremente por el matrimonio es de gente valiente, que saben lo que vale su tiempo, su amor y saben lo que vale su pareja,  personas consientes y decididas, que como todos, no tienen idea de lo que el futuro depare, pero le dan la cara con optimismo, con humildad, con fe y con amor, gente que ha conocido el verdadero amor y no sólo tiene necesidad de compañía.

Es una verdad de la vida que nada es constante, que de un momento a otro todo cambia; nada garantiza entonces que una relación dure toda una vida. Sin embargo y según los especialistas, una buena comunicación puede hacer “magia”; trabaja en tu relación y haz que siempre florezca. Convivir es fácil, pero lo fácil no siempre resulta bien, a veces termina malogrando lo bueno que había en el inicio.

El amor está más comprometido con un para siempre en el matrimonio, que en la convivencia. ¿Amas y te aman verdaderamente? Piénsalo, porque son tus decisiones las que determinan tu destino.

 

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