#MinistraFeminismoEs

Por: Maria Pia Cáceres

#MinistraFeminismoEs

A fines de julio, el hashtag #MinistraFeminismoEs estuvo entre las tendencias en Twitter y Facebook. Los internautas querían darle una “lección de feminismo” a la recientemente nombrada ministra de la mujer, la arequipeña Ana Maria Choquehuanca, quien en declaraciones para Augusto Thorndike había señalado que no tenía “un sesgo feminista” y que ella iba más “por la igualdad de oportunidades”. Inmediatamente movimientos feministas del país organizaron un “tuitazo” para explicarle a la ministra qué era para ellos el feminismo.

Yo me enteré de esa campaña por el post en Facebook de una tía muy querida. Luego de leer lo que había escrito seguido del hashtag #MinistraFeminismoEs, me llamó la atención una parte en específico la cual reproduzco a continuación: “…su objetivo principal es la igualdad de derechos entre hombres y mujeres”. “¿Igualdad de derechos entre hombres y mujeres?” respondí, porque que yo sepa en Perú los derechos de ambos sexos están garantizados por la constitución.

La respuesta de mi tía en resumen, fue una síntesis de lo que alegan los movimientos feministas en el Perú, y entre los fundamentos que se repiten con más frecuencia tenemos: “aunque la ley nominalmente protege el derecho del libre tránsito, en efecto, las mujeres no pueden transitar libremente sin temor a ser violadas o robadas en muchos lugares a determinadas horas, por falta de iluminación, transporte inseguro o falta de vigilancia e impunidad de los agresores”, “las mujeres no tenemos el derecho al descanso, porque aunque nominalmente la jornada laboral es la misma, llegamos a la casa a ocuparnos de las tareas domésticas y si no lo hacemos, las propias mujeres nos culpabilizan”, “ganamos 70% de lo que gana un varón”, y quizás uno de los argumentos que más sorpresa me causó fue el de “no tenemos derecho a la salud porque 85 mujeres por cada cien mil nacidos vivos mueren de parto, las mujeres morimos por causas prevenibles al tener hijos, que son el capital de la nación”.

Yo admiro mucho a mi tía Carla desde pequeña, es una de las pocas mujeres entre los 750 profesionales de su sector que existen en Perú, la considero un ejemplo a seguir y siempre la querré; pero realmente estaba en desacuerdo con ella, y con varias mujeres pertenecientes a movimientos feministas en el país, que utilizan los mismos argumentos para crear una especie de victimización y así extenderse entre las masas.

En este punto puede que varios se hayan preguntado  “¿cómo es eso, tú eres mujer y no eres feminista? Y bueno sí, soy mujer y no me considero feminista. No soy de esas feministas que están de moda, de las que les tienen cólera a los hombres y consideran que los hombres son los culpables de todas sus desgracias, de las que piensa que por ser mujer tengo el derecho a elegir qué hacer no solo sobre mi cuerpo sino sobre el de una criatura indefensa, de las que piensa que el quedarse en casa a cuidar a los hijos te hace una súbdita de tu marido, de las que ya no cree en el matrimonio. No soy de esas feministas que piensan que por el hecho de ser mujer lo merecemos todo ni de las que aprovechan su condición de mujer para salirse con las suyas en diversas circunstancias.

No soy de esas feministas que piensa que las mujeres y los hombres deben ser iguales, y como los hombres siempre toman la iniciativa de una relación yo también tengo que hacerlo; como los hombres toman como desquiciados hasta perder la conciencia y nadie les dice nada, yo también tengo que hacerlo; de las que piensa que como los hombres tienen mil mujeres, yo también debo tener varios hombres. No, yo no soy igual a un hombre y tampoco quiero serlo. Me siento bien con mi condición de mujer y con todo lo que esto conlleva.

No soy feminista porque donde vivo, las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres. Nadie me prohíbe manejar un auto, ni me aíslan en una choza cuando estoy con mi periodo, ni me prohíben el ingreso a estadios para ver partidos de voleibol como si se lo prohíben a mujeres que viven en África o en algunos países asiáticos. En occidente, la gran mayoría de mujeres, tiene asegurados los mismos derechos que los hombres, por eso es que veo absurdo el considerarse una feminista en este lado del mundo.

No quiero negar tampoco que ha habido veces que he vivido en carne propia los estragos de vivir en una sociedad con gente machista, sociedad que muchas veces subestima nuestras capacidades; por ejemplo, cuando se fijan en cómo vas vestida o maquillada antes de fijarse en tu inteligencia o cuando piensan que por ser mujer no podrás hacer cierto tipo de trabajo. Pero tampoco me voy a hacer la victima por el simple hecho de ser mujer. Sí, asesinatos de mujeres, discriminación laboral a embarazadas, maltrato femenino, etc. pero también hay hombres, ancianos y niños que mueren, discapacitados a los que discriminan, hombres que son maltratados, etc.

No me identifico con la descripción que feminista tiene en la actualidad pero si me gustaría una sociedad en donde las mujeres tengamos acceso a las MISMAS oportunidades que los hombres, “usando todos los dones que Dios nos regaló”, en esta última frase citando a Carly Fiorina. En los siguientes artículos, expresaré con más detalle por qué no me considero una feminista (por lo menos de las de ahora) a carta cabal.


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