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¡Nosotros te pusimos, nosotros te sacamos!: el pavoroso after party de PPK

Por: César Félix Sánchez Martínez


¡Nosotros te pusimos, nosotros te sacamos!: el pavoroso after party de PPK

Aunque evidentemente nuestra patria siempre nos depara toda clase de sorpresas, es muy probable que los últimos resultados sean definitivos: una victoria de PPK por “los pelos”, por cerca de 0,3 por ciento. No recuerdo resultado tan ajustado quizá desde la primera vuelta de 2006, en la que Alan logró pasar a la segunda vuelta superando por casi nada a Lourdes Flores, quien adujo tristemente que había sido “derrotada en la mesa”, no en las urnas.

El escenario, más allá de las celebraciones de los ppkausas, pinta castaño oscuro. PPK ha roto un empate por menos de un punto, por menos de la mitad de un punto, por casi un cuarto de punto, eso no es propiamente ganar, eso es sacarse una rifa azarosa donde cualquier mínima variación espacial o temporal hubiera podido voltear la tortilla. ¿Ha sido suyo el mérito? No lo creo y no creo que ni siquiera PPK lo crea, aunque el triunfo puede ser un poderoso alucinógeno. Si teniendo el apoyo de todas las fuerzas políticas (con excepciones individuales), de casi todos los medios de comunicación, de “grandes electores” como monseñor Cabrejos de la Conferencia Episcopal Peruana y el marqués de Vargas Llosa, grande de España y poseedor de un séquito de siervos bastante efectivo (pues también consagró a Humala en el 2011 y acabó regalándole su único y último apoyo, su corte, encabezada por el ujier Cateriano, que en buen romance ha sido el verdadero partido de gobierno, luego de la implosión del nacionalismo), de la oligarquía académica, financiera e industrial limeña, del mismo Departamento de Estado gringo (las “primicias” de Univisión no caen del cielo), además de infinitos recursos económicos, no lograba  ganar, probablemente merecería ser encerrado en el Retirement Castle de Springfield. Aun así le costó bastante. La carta de la desesperación (los ataques mediáticos precipitados, las “primicias” sensacionalistas,  los compromisos medio mentirosos y de último momento, los adjetivos extraños e insultantes, que en su ethos gringo sonaban particularmente awkward) fue jugada en muchas ocasiones. Y eso nos habla un poco de los reflejos políticos (o de la ausencia de ellos) en nuestro presidente electo.  Veremos cómo esta insolvencia política le acaba “pasando factura” en un gobierno con una ínfima bancada y sin apoyos verdaderos, más allá del plácet empresarial y las abstractas y volubles “fuerzas morales” de la clase media liberal.

El triunfo de PPK no se debe a PPK. Se debe a la izquierda. Gregorio Santos lo hizo pasar a la segunda vuelta, al quitarle al Frente Amplio los pocos puntos porcentuales que precisaba para desplazarlo. Y Verónika Mendoza, con su propaganda y agitación (hasta en quechua) “del campo a la ciudad”, especialmente en el Sur Andino, le dio los miles de votos –que muy probablemente irían en su mayoría al ámbito del viciado/nulo – que ahora han sido preciosos para el triunfo en la segunda. Quizá la izquierda callejera del No a Keiko, nuestros flamantes indignados o kale borroka lorcha,  empiece a vocear eslóganes como: “¡Nosotros te pusimos, nosotros te sacamos!”. Especialmente cuando el nuevo gobierno prosiga con su de sobra conocida agenda “neoliberal”, transgénica y defensora del gran capital y del imperialismo, famosos cucos (a veces reales, a veces imaginarios) de nuestra resucitada siniestra.

Sea lo que fuere, creemos que el after party ppkausa será pavoroso. Y muy probablemente, PPK es consciente de eso. Y que la única forma de estabilizar la situación sea con un cogobierno con la fuerza mayoritaria en el Parlamento. ¿Querrá esa fuerza coaligarse? ¿Superará PPK los prejuicios de los corifeos del odio que lo apoyan y que repiten, como el personaje del poeta clásico: “Perezca el mundo, pero hágase primero mi venganza”? Eso lo veremos en los próximos meses.


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