Por un Perú mejor

Por: Angela Morales Huamani


Por un Perú mejor

Cuando uno decide estudiar una carrera, una profesión o emprender un negocio, el fin debe ser dar un servicio a la comuna. ¿De qué me sirve, realizarme yo, solo, como profesional y no hacer crecer a mi país? Debería buscar beneficiar a la sociedad con lo que me gusta hacer, de eso se trata.

Este concepto lo tiene muy claro Jhosé Adolfo Quisocala Condori, el niño que con sus 11 años de edad ya es gerente de un banco, que por cierto, él mismo lo fundó. Jhosé se dio cuenta a sus 4 años de edad que es importante el ahorro y el medio ambiente, es así que a los 7 años ve que sus amigos no tienen dinero para comprar los materiales de estudio y los que tenían dinero lo gastaban en figuras para los álbumes, el decide cambiar esta situación, buscar el equilibrio y ayudar a sus compañeros. De esta manera, Jhosé crea el primer banco ecológico del país, donde los clientes son estudiantes de 6 a 18 años y la principal moneda es el papel. Además Jhosé promueve charlas sobre educación financiera para que los niños sepan acerca del valor del ahorro y cómo ahorrar. Evidentemente esta gran iniciativa ha sido premiada a nivel mundial y la Caja Arequipa apoya al banco Bartselana, el banco de Jhosé.

Ahora bien, es sorprendente lo que un poco de esfuerzo, iniciativa, prestar atención a los problemas de la actualidad y, sobretodo querer buscar una solución, las grandes cosas que uno podría llegar a hacer.

Para mí, un gran problema, también es, la ineficacia respecto a la resocialización del reo. Es que, no podemos olvidarnos de los reos y ya. O buscar solo el incremento de pena y ya. De qué sirve incrementar la pena hasta las nubes, que los delincuentes hagan caso omiso a ello, que sean condenados a pena privativa de la libertad, que haya sobrepoblación en las cárceles, donde hay poquísimos profesionales para ayudar a la resocialización del reo y que, finalmente, al salir, estas personas del centro penitenciario, vuelvan a cometer delitos porque, sinceramente, no entendieron el sentido del fin de la pena, no recibieron una correcta ayuda psicológica personalizada, no tuvieron beneficios penitenciarios oportunos, no vivieron en condiciones idóneas, en fin, no se resocializaron ni se rehabilitaron ni mucho menos se reeducaron.

Efectivamente, queridos lectores, este gran problema, omiso por muchas autoridades y principalmente por la sociedad, está incrementando, a mi parecer la inseguridad ciudadana.

Como ya expliqué antes, en otras columnas de opinión, y no me cansaré de hacerlo, una persona nace con tendencia al bien, por diversos factores psicológicos, estas personas pierden el querer hacer el bien y hacen el mal, es decir, cometen delitos. Al estar en la cárcel, su único rayo de luz son los beneficios penitenciarios, y en este tema me voy a detener. Cuando un reo pide algún beneficio penitenciario, la autoridad del centro penitenciario pone mil y un escusas para no dársela, esto no se queda aquí. A través de mucho esfuerzo, logran llevar el cuadernillo al Poder Judicial, para que el Juez revise el expediente, este último, tiene la facultad de otorgar el Beneficio Penitenciario que el reo le pide; sin embargo, el Juez tiene miedo de otorgarle el beneficio ya que existe una norma administrativa que dice, que si un Juez otorga algún Beneficios Penitenciario le abrirán un proceso, para corroborar si realmente ese reo merece dicho beneficio. Segundo factor, los fiscales, tampoco quieren que el Juez otorgue beneficios penitenciarios, así que sobrecriminalizan la conducta del reo. Finalmente, el reo cumple su pena inéditamente.

En este sentido, hay ciertos delitos que no tienen beneficios penitenciarios, tal es el caso de Violación a la Libertad Sexual, estos presos ya saben que si el Juez le dice 25 años de cárcel, son 25 años de cárcel, hagan lo que hagan, por más que trabajen, realicen algún tipo de profesión o se porten bien, NO recibirán ningún beneficio. Entonces, para qué trabajar, para qué estudiar y para qué portarse bien, si al fin y al cabo, esto no va a ser recompensado. Estas personas son, efectivamente, los que corrompen  a los demás, de ahí la frase popular “Van a la cárcel y salen peor”, porque hay personas que no les interesa cambiar, y al Estado no le interesa que cambien, y por eso su conducta es pésima y no se esfuerzan en ser mejores personas. Otro tema es, los días de trabajo y los días de libertad, es decir, antes si un preso trabajaba 2 días se le otorgaba un día de libertad, ahora, el reo tiene que trabajar 7 días para que obtenga 1 día de libertad, haciéndose cada vez imposible la salida del Centro Penitenciario. Yo me pregunto, ¿cómo puede haber una correcta inserción en la sociedad si están apartados de la misma? No olvidemos, que estas “escorias” como son comúnmente llamados, son humanos como nosotros, y tienen dignidad.

Al parecer el artículo 1 de la Constitución de 1993, es lo único que detiene al Estado peruano en no aprobar la ley que promueve la pena de muerte. Sin embargo, ¿todas estas atrocidades, no es peor que la muerte? Sinceramente, es necesario cambiar esta situación, no solo concientizando a la sociedad, que gran influencia tiene en la No resocialización, sino también invirtiendo en los Centros Penitenciarios, ya que de nada sirve solo castigar si no va haber un cambio.

 

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