¿Qué artista no necesita el Perú?

Por: Mauricio Rodríguez-Camargo


¿Qué artista no necesita el Perú?

De un tiempo a esta parte me preocupa el rol que debe tener el artista en nuestra sociedad. ¿Cuál es la misión que debemos cumplir? ¿Cuál es nuestro deber?

¿Es un fin netamente hedonista? ¿Debemos estar al servicio de los sentidos? ¿Divertir, entretener? ¿Se reduce a eso? ¿Servimos a un fin superior? ¿Podemos realmente cambiar algo? ¿Cuál será el perfil? ¿Nos debemos a la forma o al fondo?

En búsqueda de respuesta a la difícil pregunta sobre cómo debe ser un artista, me es más inmediato responder como NO debe ser un artista.

Siempre he creído que el fondo es mucho más importante que la forma. Lo que hay detrás de todo, el mensaje, la verdad que debemos dar al público no puede limitarse a la actuación, a la técnica, al decorado, a los palos y telas. Con esto no digo que la técnica del artista no sea importante, lo es, y mucho, pero en medida que lo ayude a exponer de mejor manera el fondo, de lo contrario, es una cáscara insulsa.

Creo que asunto no va referido a la técnica que se pueda tener. Para mí, un artista, no puede ser medido en relación a si es eficaz o no. Un artista verdadero, aunque muy malo haciendo lo que hace, es necesario.

“Un alma noble hace bello un rostro feo”, creo que sucede lo mismo con el arte.

¿Qué artista no necesita el Perú?

Las personas deshonestas no son necesarias en ningún ámbito, más aun en el artístico. La mentira debe estar proscrita en los labios de aquél que quiera dedicarse a esta noble labor. ¿Cuánta verdad puede dar una persona que no es honesta con sus pares? ¿Cuántas vidas ha de cambiar el mentiroso? ¿Cuánto valor ha de tener su discurso?

El Perú no necesita artistas indisciplinados que sean incapaces de asumir compromisos y de mantenerlos con firmeza, aquellos que no puedan empeñar la palabra, que fallen a las personas, que no se cultiven, que  con su estilo de vida desprestigien esta necesaria labor.

No necesitamos a aquellos que militan con sus propios vicios y son movidos por ellos, que usan el arte para promoverlos y no desperdician una sola oportunidad para exaltarlos y mostrarlos como si fuera pertinente seguirlos, eso nos crea un país violento, machista, discriminador y desunido. El arte es como un cuchillo, en las manos equivocadas hace un gran daño.

No nos son necesarios los que quieren escuchar en boca de todos sus propios discursos. Aquellos que no tienen la capacidad de sorprenderse, que han perdido esa habilidad de maravillarse por lo que se toman a sí mismos como la medida de todo. No necesitamos a los que juzgan a los demás sin otro criterio que el ego propio, que están dispuestos a sacar el estilete y degollar a todo aquél que no haya obrado como él lo hubiese hecho.

Los que roban, que no dan la justa medida a sus colaboradores, que buscan siempre un provecho personal a costa del público o de sus colegas. Que ven el arte como un medio y no como un fin.

A los que no son comprometidos con el otro. El arte solo puede entenderse como una vocación si está al servicio de alguien más, de lo contrario, si el fin del quehacer artístico es uno mismo se traduce en pura vanidad. El otro es el fin, no un medio. Esto no se contrapone a la satisfacción personal del trabajo bien hecho, pero esto es un añadido, un complemento de la ayuda, del servicio, de la devoción al otro, que al final de cuentas, es un yo.

El artista es un agente necesario que nuestra sociedad pide a gritos y con urgencia, es un rol de servicio y de entrega que exige tener una responsabilidad con el otro.

Debemos dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más.


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