Querido hijos

Por: Roncuaz.  roncuaz


Queridos hijos

Me ha parecido natural escribir este segundo post para los muchachos que he tenido y tengo el honor de tener como hijos y como alumnos. Vale la introducción del anterior para este. Trataré de ahorrar palabras con un aforismo: “si no respetas a las mujeres, no respetas nada; si no respetas nada terminas por ser un don nadie”. O como lo podría haber dicho mi buen papá: “si le faltas el respeto a una mujer yo te saco la m”.
Queridos muchachos, el respeto a la mujeres no se lo debemos por que sean débiles, es al contrario: se lo debemos porque su fortaleza nos da la vida y nos sostiene en ella.
Es de sentido común: un hombre que no respeta a su propia madre no se comporta como hombre y es indigno de cualquier confianza o respeto; un hombre que no cuida a sus hermanas es un cobarde; un hombre que no vela por la mujer que ama pierde su propio corazón y se vuelve débil, torpe y malvado; un hombre que no vela por sus hijas, no sirve para nada, es un hombre de papel, un pusilánime. No todas las mujeres son esposas, madres o hermanas pero todas son hijas y todas atesoran una inteligencia de la vida que a nosotros los hombres nos es indispensable. Sin ellas no nos entendemos ni a nosotros mismos.

Sé muy bien que la bondad o maldad no dependen de ser hombre o mujer y que encontraremos en la vida mujeres que hacen el mal o que hacen daño por egoísmo o lo que fuera. Incluso en esos casos la respuesta más sensata es el respeto y la cortesía.

Como en lo que les dije a las chicas supongo que también ustedes pensarán que estoy en blanco y negro de lo anticuado o que me meto en lo que no me importa. Y les diré lo mismo: los he escuchado tanto, he visto de cerca sus miedos y angustias por encontrar una chica en la cual confiar de verdad, he leído con tanta claridad sus ansias de construir un hogar y he visto tantas veces cómo se han hecho daño con relaciones que les rompen el corazón que la verdad, me importa poco lo que piensen de mí, sólo creo que es mi deber escribirles estas palabras que probablemente ya hayan escuchado de mí. Y debo decirlo: me da mucha rabia cuando hacen daño a las mujeres tanto como cuando los engañan y enredan, pero es la vida y nadie la puede vivir por nadie.

Y como en el caso anterior, ni las tristes y ridículas bravatas del machismo, ni los enrevesados argumentos deconstructivistas del feminismo, ni las explicaciones pseudo sociales o pseudo psicológicas aportan gran cosa al aquí y al ahora de su vida emocional. El problema está en otro plano, uno más simple y cotidiano: se trata de caballerosidad, de nobleza, de valor, de lo que los viejos llamamos simplemente hombría: una forma serena y muy masculina de ser persona al servicio de los demás. Una vez más: se trata de amar y no mentir.

Aquí puedes leer el texto dedicado a las mujeres:

 

Queridas hijas


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