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Siempre habrá alguien que sufre más que tú

Por: Katleen Morales


Siempre habrá alguien que sufre más que tú

Como les comenté, en la conversación con mis amigos hablábamos de la variedad de regímenes laborales en el sector público y nos quedamos con el sabor de injusticia a causa de la viveza del Estado con estos trabajadores y quizás el escenario más oscuro entre ellos es la locación de servicios encubierta.

La locación de servicios es un contrato regulado por nuestro Código Civil, que señala: “el locador se obliga, sin estar subordinado al comitente, a prestarle sus servicios por cierto tiempo o para un trabajo determinado, a cambio de una retribución”[1], nótese que el elemento destacado es la no subordinación del locador al comitente, ello porque constituye la gran diferencia con el contrato laboral. Comparemos los elementos de la relación laboral y la locación de servicios, en la primera son: la prestación personal de servicios, la subordinación y la remuneración; y en el contrato civil están la prestación personal de servicios y una retribución (equiparable con la remuneración) mas no existe la subordinación.

El meollo del asunto para saber si un contrato es de naturaleza laboral o civil es la subordinación, por ello detallaremos un poco más en que consiste la misma, lo primero que se debe resaltar es la independencia del locador frente al comitente en la prestación de sus servicios, si bien está sujeto a indicaciones, instrucción o pautas generales sobre el ¿qué? y ¿para cuándo? requieren sus servicios; el comitente no tiene derecho de controlar o dirigir al locador en la ejecución de la prestación, mucho menos a fiscalizarlo o sancionarlo, puesto que no es su trabajador (no marcará horario, no tendrá cuenta de correo, teléfono, uniforme, tarjetas de presentación, etc.). Por tanto, el locador de servicios tiene libertad y autonomía en la ejecución de la prestación de sus servicios.

Está figura en sí misma no es mala pues responde una necesidad concreta y temporal de la entidad pública o de la empresa, según sea el caso. En esa línea, el uso de esta en la administración pública debe estar dirigida a realizar servicios por cierto tiempo o para un trabajo determinado, por tanto, no debe ser utilizado para la realización de labores de naturaleza permanente, porque estas son propias del ser de la entidad, es decir, el locador no debe realizar funciones para las cuales fue creada la entidad.

En la locación de servicios el trabajador emitirá recibos por honorarios, no percibirá beneficios sociales, es decir, no tendrá derecho vacaciones, seguro social, sistema de previsional, licencias, entre otras desventajas, fundamentado esto en que no tiene vínculo laboral, ya que puede prestar sus servicios a varias entidades de manera concomitante. Ahora, lo que sucede en la realidad peruana es que los locadores de servicios realizan tareas permanentes o propias de la entidad, desnaturalizando totalmente la razón de ser de esta figura jurídica.

Usted se preguntará dónde radica el problema o drama que comenté en el inicio, pues reside sencillamente en que nuestro Estado es tan “mosca” que encubre un contrato laboral bajo la modalidad de locación de servicios y así no cumple con los beneficios sociales de sus trabajadores. O sea, quien debe fiscalizar que se respete el derecho constitucional al trabajo es quien, por diferentes motivos, viola el mismo mediante el mal uso de esta figura, negando al trabajador la posibilidad de acceder a los beneficios sociales correspondientes.

Ojalá que con el régimen único de SERVIR, podamos escribir sobre las ventajas que tendrían aquellos peruano valientes que quieren poner sus capacidades al servicios de su país. Mientras tanto si tú identificas que tienes un contrato de locación que es contrato laboral puedes recurrir al poder judicial, ya que, por el principio de Primacía de la Realidad[2] el juez puede declarar la desnaturalización de tu contrato de locación de servicios a un contrato a plazo indeterminado.

Este modus operandi implica la existencia en nuestra administración pública de trabajadores en un régimen peor que el CAS, que como vimos no es ideal[3] … y es que “siempre habrá alguien que sufre más que tú”, sería la perfecta frase de un locador a un CAS.

[1] Artículo 1764 del Código Civil.

[2] Por este principio de privilegia lo que sucede en los hechos antes que lo señalado en los documentos.

[3] Puedes revisar mi anterior texto sobre el CAS: http://transformandoelperu.org.pe/opinion-y-analisis/busco-chamba/


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