Un banquete familiar

Por: Gonzalo Contreras

Un banquete familiar

Me parece que lo que preguntáis es un tema que no tengo mal preparado. Precisamente anteayer subía a la ciudad desde mi casa […], y uno de mis conocidos, que me divisó desde atrás, me llamó de lejos […], lo esperé y me dijo, justamente hace un momento te estaba buscando porque deseo informarte de la reunión de [Domum, Sergio, Consilium, Feminae] y de los demás que en aquella ocasión asistieron al banquete y de los cuales fueron sus discursos sobre [la familia].

Procuré mi mayor atención mientras detallaba a sus personajes.

Con gran ímpetu dijo, Feminae el benigno, Consilium el robusto, Sergio el sensato y Domum el prudente. Pregunté entonces, quién asigna estos atributos, a lo que respondió, “se trata del sentido común”.

Por mi parte, además os diré que siempre que la conversación trate de [temas relevantes], tanto si soy el que habla como si escucho a los demás, aparte de creer que saco provecho, me regocijo sobremanera. En cambio, cuando escucho otras conversaciones, especialmente las vuestras […], personalmente siento hastío, y por vosotros y vuestros compañeros compasión, porque creéis hacer algo de provecho sin hacer nada. Vosotros, a la inversa, tal vez creeréis que yo soy un desdichado, y opino que vuestra creencia es verdadera; pero yo, sin embargo, no lo creo de vosotros, sino que lo sé de cierto.

Entonces, ¿por qué no empiezas a contármela? –dije–; el camino que lleva a la ciudad se presta perfectamente para hablar y escuchar mientras se anda. Así, mientras caminábamos, dirigimos nuestra conversación sobre esto, de suerte que, como dije al principio, no estoy mal preparado. Por tanto, si estoy en la obligación de repetiros a vosotros mi relato, hagámoslo así.*

Fueron invitados al banquete los máximos representantes de la sociedad en temas de diversa índole, la razón de su presencia era conmemorar las fiestas de la región, 15 días del mes de agosto bastaban para abarcar cuestiones de tanta trascendencia.

Aquella vez –me comentó–, los sagaces personajes festejaban en el hogar de Feminae, quien había preparado un banquete a propósito de las fiestas, estaban presentes Consilium, Sergio y sus hermanos, cuando el dueño de casa tomó la palabra.

Feminae: Propongo que antes de libar, podamos dialogar sobre una materia que me ha causado obsesión en los últimos días. No tendría mayor inconveniente si su estudio no fuese tan relativo, pero se ha prestado a cualesquiera interpretaciones, que su esencia ya es un misterio. Amigos míos, no puedo aprovechar mejor oportunidad que ésta, para platicar sobre LA FAMILIA.

Sergio: ¡Que acertada Feminae!, me parece una fantástica forma de confraternizar, no obstante, considero pertinente esperar a Domum, pues él bien sabe sobre estos temas, y seguro estoy, del encomio que tiene preparado.

Aceptaron la proposición y esperaron hasta que llegó Domum.

Mi propio amigo no pudo recordar las palabras de todos los asistentes, pero sabía muy bien lo que dijeron Feminae

, Consilium, Sergio y Domum, eran sabios con sus comentarios; cuando el último llegó, cedieron la palabra a Feminae, quien lo recitó más o menos así;

Feminae: Les digo que no hay mejor forma de encomiar a la familia, que haciendo hincapié en sus integrantes, la razón es simple; de todos los grupos sociales, es únicamente la familia dónde se procura la seguridad y el bienestar de otras personas. Hijos, padres, abuelos, hermanos o tíos, todos comparten un sentimiento familiar; así, cuando alguno de ellos sufre un menoscabo, buscará el apoyo del otro para cubrir sus necesidades, y cuando otro enfrente desafíos, necesitará el socorro de alguno con destreza. Todo se hará en nombre del vínculo que los une y así se formarán buenos hombres, que puedan influenciar en la sociedad, como lo fueron en sus familias. ¡La unión amigos míos! es la unión lo que los hace grandes.

Les digo que una sociedad es el reflejo de sus familias, por lo que el fin último de aquellas debe ser velar por éstas, procurando a toda costa su protección.

Consilium: Dices bien Feminae, toda la sociedad debe procurar su protección, pero aún entonces, hará falta la intervención del Estado, pues no en vano advertimos una sociedad como la nuestra, donde el honor y las virtudes de la familia que encomias, se han perdido, y el autor de tan reprochable desenlace, fueron sus propios integrantes.

Fue en tiempos remotos, cuando la cultura hispana desarrolló un fenómeno cultural denominado “machismo”, refiriéndose al énfasis o exageración de las características masculinas y la creencia en la superioridad del varón, destacando la heterosexualidad y su agresividad. En la familia, un verdadero varón muestra su masculinidad diferenciándose de la mujer sentimental y afectiva, por su frialdad. Ella ama, pero él conquista, el desapego emocional es parte de la superioridad de aquél y es entonces que surge la violencia, tras sobrepasar los límites del conflicto en pareja, con agresión.

Actualmente, la violencia es manifestada no sólo por el género masculino, sino además por el género femenino, desdeñando la esencia de la familia, para convertirla en el germen de la sociedad.

No te culpo al creer en la familia, pero se necesita la injerencia del Estado para velar por ella, desintegrarla cuando se presenta un caso de violencia, resulta la mejor opción, máxime con los problemas en los que puede desembocar tal escenario. Una sociedad sí es el reflejo de sus familias, pero al desvirtuarse la connotación de éstas, es necesaria su separación.

Feminae: Consilium, lo dices con certeza, quizá es necesario algo más que solamente la unión, pero el Estado no puede intervenir en temas que no le competen. Todavía no termino, pero prestaré atención a lo que tienes por decir.

Me dijo que Consilium bebió un sorbo de la copa que tenía servida y mirando atentamente a Feminae se disculpó, para continuar con su discurso.

 

*El banquete de Platón.


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