Un test de tolerancia

Por: Roncuaz


Un test de tolerancia

“No se puede padecer mayor mal que el de odiar los razonamientos”

Fedón o sobre el alma, Platón

Publiqué en Facebook el siguiente texto: “¿Los hombres somos más fuertes y rápidos que las mujeres? En general, sí”. La reacciones no se hicieron esperar. No he contado los “me gusta” y los “reaccionaron” pero hubo, hasta el momento en que escribo este post, más de cuarenta comentarios en menos de un día. Para el comportamiento usual de mi muro es bastante.

Muchos comentarios me preguntaron a qué me refería. Otros afirmaron algo compensatorio: “es verdad pero la mujer es más inteligente, intuitiva, resistente al dolor, etc.”. Alguno me advirtió que me tildarían de machista, homófobo a algo así. En la misma línea alguien más me señaló lo mal que caería mi afirmación a lo que llamó “la sensibilidad actual”. Otro por ahí trató de que yo sacara alguna conclusión de mi afirmación con repetidos ¿Y?, como si hubiera una necesidad imperiosa de demostrar algo. Algunos más buscaron demostrar algo que yo no había siquiera insinuado: que por alguna razón yo no respetaba todas las opiniones o pisoteaba algún derecho a expresarse. Otros trataron de suavizar la situación con bromas, comparaciones del mundo animal, alusiones a determinadas razas y culturas en los que el asunto sería al revés. Otros más simplemente negaron la realidad como tal: “no, las mujeres y los hombres son iguales”. Con similar sentido algún comentario trataba de decir que la diferencia era cualitativa y no cuantitativa. Por último unos cuantos dijeron simplemente: “Sí, es así”. Las autoras de estos comentarios fueron todas mujeres.

Me ha parecido un fenómeno por demás interesante sobre cómo operan los prejuicios en las redes sociales. Y parece que también en la vida. La afirmación contenida en el texto es verdadera e indiscutible en términos absolutos: físicamente los seres humanos más fuertes y rápidos del planeta son hombres.

De ella no se sigue nada ofensivo para nadie, ni injusto ni nada. ¿Por qué entonces hay reacciones tan desconfiadas? ¿De dónde surge la inseguridad ante realidades como las que hemos señalado? ¿Quién o qué parece imponernos reacciones de antipatía o alergia ante una simple afirmación objetiva e indiscutible? ¿Por qué suponemos que necesariamente quien afirma algo así tiene una intención más o menos mala? ¿Es una injusticia que los hombres seamos más fuertes y rápidos físicamente que las mujeres? ¿Será necesario cambiar eso? ¿Toda igualdad es buena y toda diferencia mala?

Y una última pregunta ¿Por qué nos molestamos?


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