¿#Verdaderafelicidad?

Por: Maria Elena Totora


¿#Verdaderafelicidad?

Me ponía a pensar en qué es lo que realmente produce felicidad en el hombre, y cuando vas viendo a las personas,  quizás la felicidad en algunos sea el poder comprar algo que vieron y que anhelan pero ¿cuándo ya lo tienes eres feliz o solo tienes satisfacción por tenerlo?, y entonces surgen casi de inmediato la preguntas ¿qué es la felicidad?, ¿qué es llegar a tener felicidad? y ¿nosotros podemos llegar a ser felices totalmente?

O la felicidad solo se reduce al placer como sostiene Freud  donde en realidad  la felicidad es irrealizable, pues añade: “todo el orden del universo se le opone, y aun estaríamos por afirmar que el plan de la “Creación” no incluye el propósito de que el hombre sea “feliz”.

Como podemos ver, la concepción freudiana de felicidad está relacionada y depende  fundamentalmente del pensamiento de Kant, para quien la felicidad es sensible y por eso  es inmoral buscarla y obrar por este fin.

De esta manera las posibilidades de felicidad ya están limitadas desde el principio por nuestra propia constitución, por eso –nos dice Freud– es más fácil experimentar la desgracia.

Personalmente creo que Freud está totalmente equivocado sobre la felicidad; porque no depende de las circunstancias aún menos de uno mismo y peor aún que sea más fácil experimentar la desgracia pues para que el hombre se sienta en desgracia pasará por ser abatido de forma profunda, como la muerte de alguien muy cercano, no es algo diario.

Todos los hombres apetecemos como  fin último  la felicidad. Pero en la situación concreta de cada persona, no todos están de acuerdo: unos desean las riquezas, otros los placeres y otros, otras cosas. Luego los diversos modos de vida se explican por el objeto en que cada uno pone su felicidad.

Tomemos como referente para entender qué es la felicidad  a Santo Tomás de Aquino,  que recorre los diversos bienes que puede apetecer el hombre y en los cuales no puede radicar la felicidad en las riquezas, la fama, los honores, el poder, los bienes del cuerpo, el placer, los bienes del alma, los bienes creados. Porque la felicidad debe tener carácter de fin último y supremo bien, al cual se ordena el hombre por principios interiores, sin sombra de mal, plenamente saciativo por lo cual una vez logrado, no se desee nada más, porque aquieta todo apetito.

En fin, la felicidad debe ser “el bien perfecto y suficiente” del hombre. El placer corporal ni siquiera puede ser consecuencia de la felicidad, porque sigue a un bien que persigue el sentido, que es potencia del alma que usa del cuerpo. Y si el placer es causado porque los sentidos perciben un bien conveniente al cuerpo, el placer corporal no sólo no es la felicidad, porque el bien del cuerpo no puede ser el bien perfecto del hombre, pues es mínimo en comparación con el alma.

A diferencia de la verdadera felicidad que sacia y no se desea nada más, los bienes creados muestran su propia insuficiencia e imperfección; por eso cuando se pone en ellos el fin último, dejan una profunda insatisfacción por la cual se busca desordenadamente siempre

Vemos claramente cómo aquellos que –siguiendo los principios psicoanalíticos– buscan vehementemente el placer, no sólo frustran sus expectativas porque no encuentran la felicidad ansiada, sino que nublan su razón, haciéndose incapaces de buscarla correctamente, lo cual acarrea nuevas frustraciones y angustias. Por otro lado, dice Santo Tomás, que el dolor debilita o impide toda operación, de manera que la persona apesadumbrada se inmoviliza, se paraliza en su despliegue personal.

Explica Santo Tomás que existe una felicidad participada en mayor medida en cuanto sea más continua y una, buscando la verdad. Que como consecuencia nos llevará hacia la trascendencia.

Por eso también en la felicidad hay paz interior y exterior, porque se va ordenando toda la personalidad y las relaciones sociales, alejando los obstáculos que perturban el camino al fin último.

Es entonces necesario el desapego de las cosas creadas, de lo material y esforzarnos en buscar la verdad y ser consecuente con ella la verdad no es relativa no se trata de la conveniencia de cada uno, no tratemos de justificarnos todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, es entonces que alcanzaremos la felicidad en su plenitud llevándonos a trascender.


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