¿Y por qué sólo en el fútbol?

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Por Marco Samuel Pari Ccahuaya

¿Y por qué sólo en el fútbol?

En noviembre del  2011 un partido cualquiera entre el Granada de España contra el Mallorca se convirtió en una de las historias más bonitas que usualmente se vive en un estadio. Carlos Martins, futbolista, dio a conocer días antes que su hijo de tres años necesitaba un trasplante de médula ósea para sobrevivir.

Casi de inmediato se formó una cadena de ayuda, donde se colocaron puestos médicos para donar sangre en los ingresos al estadio. Conferencias de prensa, aperturas de cuentas bancarias, el mundo futbolero rasgo rivalidades para comprometerse con una sola causa, Lograr que Gustavo Martins, el hijo, viva.

La ovación de los hinchas al iniciar el encuentro no se hizo esperar. En medio del campo estaba el futbolista Carlos Martins, conteniendo las lágrimas, recibiendo abrazos, leyendo cada bandera que decía: Fuerza. En ese mismo partido, Carlos hizo el mejor gol de su carrera, pero no lo festejo solo, lo gritó España entera.

¿Qué puede llevar a un país a comprometerse con un caso ligado al fútbol y no a muchos otros que ocurren a diario? La respuesta radica, quizás, en la nueva forma de entender la identidad nacional.

La sociología establece que anteriormente la identidad colectiva de una nación estaba ligada a la suma de identidades personales con objetivos comunes, de tal forma que se lograba formar un sentido de pertenencia hacia determinado territorio. Sin embargo, con la globalización se han producido rupturas sociales entre coterráneos y como consecuencia surgieron otras formas de nacionalismo, una de ellas es el fútbol.

Un deporte sencillo que logra identificar a grandes masas, ya sea con historias de futbolistas pobres y luego exitosos, tradiciones de fuerza que distinguen a una raza y que se ven plasmadas en la cancha. Y es que toda sociedad, de primer o tercer mundo, necesita héroes. Representantes de su nación que muestre todo lo que representa su país. Garra, talento, fuerza.

La idealización de los futbolistas sumados a la representatividad que adquieren, terminan creando un constructo social que tiene como elementos importantes, los colores de la camiseta, el himno y sobretodo el nombre.

Es quizás ello lo que posibilita una histeria colectiva que es capaz de relegar problemas graves dentro de una nación. Obviamente nuestro país no es ajeno.

Después que se anunciara la tristemente decisión del TAS que impedía a Paolo Guerrero jugar el mundial y acabar prácticamente con su carrera deportiva, estalló un deseo casi unánime de condenar a este organismo y mostrar su total rechazo hacia una decisión “injusta”. Guerrero, dejó de ser héroe nacional para convertirse en mártir popular.

Mientras los medios se alimentaban y nos alimentaban del show, una corriente de críticas en redes sociales cuestionaban la indignación generalizada de los peruanos hacia temas tan banales como el fútbol, pero ignoraban casi con displicencia los otros graves problemas que tiene nuestro país.

Suba de combustible, aumento de inseguridad ciudadana, más peruanos en pobreza, instituciones corruptas escudadas bajo la figura de inmunidad. Es cierto, tenemos problemas gravísimos. Y Justamente, ese asco que sentimos la ver cada presunto crimen mediatizado nos lleva a buscar un aliciente, algo que nos devuelva esperanza, ganas de continuar creyendo que a pesar de todo se puede seguir y progresar.

En 90 minutos se olvida todo, lo que nació como entretenimiento en arenales de barrios ingleses, se convirtió en un arma social poderosa. Paso de lo deportivo y ahora abarca nociones económicas, políticas y culturales.

Su importancia no radica en lo racional, no soluciona tus problemas, radica en lo emocional, mejora tu percepción respecto a lo que debes afrontar. Que tu equipo gane un partido de fútbol desestresa, alegra, clarifica la mente, mejora tu día.

Hablar de fútbol siempre genera pasiones, va más allá del juego, la rivalidad, el análisis. Hablar de fútbol es efervescencia, es identidad, objetivo común que genera pertenencia, nacionalismo, amor, compromiso, promesas que nunca serán rotas. No basta solo con hablarlo porque el fútbol no encuentra palabras, es un grito desenfrenado que desafía el tiempo y que se representa en esa jugada de gol que al igual que la historia, permanecerá salvo en la memoria de cada aficionado.

¿Y por qué solo en el fútbol?, por qué no llevamos esa pasión que nos une en las canchas y nos hace gritar gol, a todos los ámbitos de nuestra vida y nuestra sociedad, el deporte es una actitud ante la vida, desarrolla el carácter, fortalece la voluntad y te hace valiente, utilicémoslo como instrumento de cambio, transformemos el Perú.


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