En la sala de espera

Por Roncuaz

En la sala de espera

La última fecha ha sido de Hitchcock. En noventa minutos los cinco equipos con posibilidades pasaron, como en la cruel ruleta que esclaviza a los ludópatas que somos los hinchas, de salvados a condenados, de condenados a salvados. Cuando la aguja se detuvo, los premios quedaron así: Brasil, Uruguay, Argentina, Colombia y el nuevo inquilino, el último de la fila, el que paga piso, el recién matriculado, Perú. El sufrido once que ha quedado en la sala de espera todavía con la angustia de un último examen contra la ignota Nueva Zelanda que mete miedo por el tamaño de sus jugadores, esperemos que no por la calidad de su fútbol.
Duro partido con Colombia. Parejo. Parecía una pelea en la que el primero que le soltaba la mano al otro recibía el golpe mortal. Trabados en el medio, se midieron durante los noventa minutos. Los cafeteros cortaron los circuitos naturales de Perú pero a costa de no conectar los suyos. Un error defensivo nuestro, muy parecido al primer gol que nos hizo Funes Mori con Argentina en el primer partido; una jugada forzada por Corzo y la definición de Guerrero, mezcla de genialidad con suerte por la mano de Ospina que lo valida. Táctico contra táctico, Gareca contra Pekerman, ganó el segundo pero no perdió el primero. Nadie en su sano juicio podía esperar un partido fácil.
Los lloriqueos y análisis amargos de última hora surgen en su gran mayoría de la ignorancia sobre este juego, la arrogancia de improvisados periodistas deportivos con aires de niño terrible y cierta incapacidad de creer que se pueden lograr grandes cosas con trabajo y orden, justamente porque no creen en ambas cosas. Y hay objeciones y pesimismos que surgen también, hay que decirlo, de la pura, simple y proverbial envidia peruana.
¿Qué viene? Un nuevo gran esfuerzo. Una prueba de temple para los que convoque Gareca. Yo por mi parte vuelvo a repetir lo mismo: vayamos o no al mundial, el Perú ya ha logrado una gran hazaña, ha dejado una estela de esperanza con su breve historia de pequeño que le gana a los grandes, el equipo chico que crece con humildad, el grupo que bien guiado ha unido el talento al orden, la creatividad al esfuerzo, el valor a la prudencia. Y eso, queridos amigos, no es poca cosa.

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